Autoconsciente, apelando a tiempos narrativos relajados y con fotografía y música acordes, el legendario actor y director vuelve a brillar en pantalla.
Esto no es un simple rockumentary. Las presentaciones a lo largo del país están matizadas por la esencia del detrás de escena. Noches en bares, diálogos espontáneos y momentos inesperados, todo esto reafirma que se trata de un viaje familiar.
Sí podría pedirse que 'Araña' se asemejara menos a un mecanismo de relojería, que --más allá de que alguna de sus manecillas se presente algo chueca-- más o menos funciona. Pero sólo en sus propios términos.
El problema fundamental de 'Las reinas del crimen' radica en su tono: si se hubiera mantenido la hipérbole característica del cómic, todo habría sido más aceptable, ya que el exceso estético, por su propia naturaleza, no busca la verosimilitud.
La derivación final al emocionalismo y el triunfalismo in extremis es, a su turno, inevitable en una historia como ésta. Nada de ello mella los méritos de una historia que debía ser contada y que difícilmente pudo haber sido contada mejor.
Es, otra vez, una idea metida a presión, dicha y no vivida. Mientras tanto, y como había hecho ya en 'Contra viento y marea' y 'Dogville', Von Trier observa desde el cielo, como si se tratara del ojo de Dios. O lo que sea que esté ahí arriba.
Un tiroteo en el que todos se enfrentan, donde las palabras son tan letales como las balas de pistolas, revólveres y fusiles. Se permite que los enfrentamientos se extiendan por más de una hora. Esta película definitivamente se aleja de lo que se espera de un "drama de época".
Profesionalismo es la palabra ideal para describir 'Conexión Marsella': un relato que sólo se estanca en algunos pasajes intermedios, cierta tensión de baja intensidad, aunque sostenida en el tiempo, el goce de un diseño de producción atento a los detalles.
Inspirada en un hecho real, la nueva película de David O. Russell prefiere seguir el camino contrario, el de la construcción de una ficción, con una magnífica reconstrucción de los años ’70.
Ashton Kutcher, que está excepcional, retrata a Mr. Jobs no como un extraño, sino como una amalgama de genio individualista, un Mesías poco tolerante, un maquinador visceral, un motivador por naturaleza y un Moisés vestido con jeans y zapatillas.
El retrato de Margaret Thatcher que presenta Streep ante las puertas del Oscar aborda a Lady T con la asumida intención de hacer a un lado la política. Pero esa decisión termina teniendo consecuencias... políticas.
Aunque utiliza el recurso introducido por 'The Blair Witch Project' y desde entonces varias veces repetido, el film consigue asustar con poco y se sostiene en la clásica y muy dosificada progresión que lleva de la normalidad a lo desconocido.
Furioso y extenuante, el nuevo film del director de 'Crimen ferpecto' alegoriza sobre España toda, atravesando su historia y poniendo en escena buena parte de su iconografía.