No se trata de que 'Jojo Rabbit' no sea verosímil. Waititi construye un verosímil que le arranca a lo real personajes y circunstancias delicadas, y lo retuerce a su antojo. Este verosímil se implanta en una gelatina histórica, dominada por la tontería.
El giro final de 'Los que aman, odian' lo rescata de la mediocridad. Lo indiscutible es su excelencia técnica, desde el diseño de producción hasta los elementos más sutiles, donde la dirección de arte, el vestuario y la fotografía nunca eclipsan la narración.
La película tiene una buena estética y ofrece algunas escenas de suspenso efectivas. La secuencia de acción principal está bien estructurada. Marion Cotillard logra transmitir la sensibilidad requerida, sin embargo, Brad Pitt no logra estar a la altura y la emoción brilla por su ausencia.
Una película socrática que no condena la opción del "rebusque", ni tampoco juzga la posibilidad de ganar dinero honestamente. Jay Roach dirige con habilidad en su primera incursión en el cine "serio".
El resultado de tanta falta de drama, de conflicto, de tensión, es el esperable: el opus 5 de Clooney debería llamarse Operación Monumento al Aburrimiento.
El excesivo regodeo en las desgracias personales de la gran "bomba rubia" de Hollywood, los discutibles excesos estéticos, terminan imponiéndose por sobre el buen trabajo de Ana de Armas.
Es como una taza de té, confiable, tibia y siempre a mano. Más allá de algún lejano regusto amargo, si se echa un cubito de azúcar deja un sabor previsiblemente placentero. Un placer más conservador que transgresor.
Todo un acto de fe cinéfila. El Hollywood de los Coen se ha transformado en uno más amable. Ya no hay lugar para el cine social, los gangsters o los luchadores, sino que se apuestan por westerns, musicales acuáticos, comedias de salón y grandes producciones bíblicas.
Aunque deje un par de gruesos cabos sueltos, la explosividad del final también echa ricino sobre el amenazante dulzor previo, inclinando la balanza para el lado del aprobado.
De máximo despojamiento dramático y decorativo, concentrada en sofocantes primeros planos e iluminada de tal modo que parecería transcurrir en una única y larga noche de pesadilla, 'Eva no duerme' transpira el agobiante clima de perversidad que la historia reclamaba.
'Gato negro' acierta más en lo colateral que en lo global, donde peca de obviedad en el carácter emblemático del protagonista en relación con los hitos históricos.
Las protagonistas del film son chicas a quienes sus familias encerraron en un hospicio. Con la peculiaridad de que funciona a la vez como cabaret o prostíbulo. Pero la espesura del asunto termina diluyéndose a través de un sofisticadísimo diseño visual.
Parece una película mil veces vista. Pensándolo bien, tal vez 'El chico de Asakusa' sea la historia de un maestro zen y su alumno. O de un artista de vanguardia, dispuesto a violentar al espectador en su butaca.
Aunque transcurre a mediados del siglo XX, la película dirigida por Thomas Bezucha alude al western no solamente por los ecos de algunos clásicos sino también en términos de ética, estética y motivos temáticos.
La película más esperada del año resulta ser un ejercicio de estilo irregular y excesivo. Es seductora en momentos y siempre resulta agradable, pero en términos generales se siente vacía y solo se destaca en la última secuencia. No puede considerarse un trabajo brillante.
Dirigida por el desconocido Benedict Andrews, Seberg, sin embargo y extrañamente, le da a la actriz a la que se supone biografía un rol apenas de coprotagonista, repartiendo el cartel con el agente del FBI que la investiga.