La sombra de lo ya visto pesa sobre 'Cómplices del silencio'. Es posible que para el público extranjero esta historia represente una novedad, pero para el espectador argentino, no ofrece nada que no hayamos visto antes.
La intriga de 'Un crimen argentino' es poco sólida. El villano carece de desarrollo y los hilos narrativos son igualmente insípidos. La trama no presenta giros ni sorpresas relevantes. Los personajes están construidos con una única característica que, para colmo, no resulta profunda.
Hay en 'Llámame por tu nombre' algo así como una sensorialidad de la narración, dada por el tempo cinematográfico, los juegos de luces y sombras, la duración de cada plano, el trabajo sobre los colores vivos.
Si el conjunto no luce original, la voz de Penélope Cruz, narrando en off extractos del libro, lo vuelca más hacia el lado de un documental de National Geographic que a cualquier exuberancia gangsteril.
El nuevo film del director de 'Carancho' carece de la intensidad que el caso narrado sugiere. Guillermo Francella compone a Arquímedes Puccio como un monstruo gélido y perturbador, en tanto el resto del elenco oscila entre la tibieza y la opacidad.
Si Schwarzenegger se limita casi por completo a un papel meramente cómico, la experiencia ya no es la misma. Igualmente, en varios momentos se recurre a explicaciones técnicas que saturan la trama de ciencia ficción actual.
Por abusado y mal usado, suele creerse que el formato de cabezas parlantes es malo de por sí. 'Invasión' demuestra que, cuando los testimonios son buenos y quienes los prestan lo hacen con elocuencia, lo mejor que se puede hacer es escucharlos.
No extraña el cúmulo de nominaciones al Oscar: la plana y extendida sensación de desequilibrio que campea en el film de Miller se sostiene además en el trabajo de sus intérpretes, extraña pareja compuesta por un magnate industrial y un luchador.
No es que 'Labor Day' esté mal. En su tramo más parejo, los dos primeros tercios, se presenta como un drama convencional sólido, similar a una versión más simple de 'Un mundo perfecto' y 'Los puentes de Madison'.
No hay película porque las muchas manos que revolvieron este plato lo convierten en un indigesto 'High School Musical' de los años 80, disfrazado de la 'This is Spinal Tap' que nunca se atreve a ser.
La película, bajo la dirección del poco conocido Gary McKendry, transforma una historia real, comparable a las obras de Graham Greene o Ripley, en "una típica película de Jason Statham". Ofrece un nivel mínimo de intriga, mientras maximiza la acción con persecuciones, disparos y escenas de combate.
Durante su primera hora, el filme con Christian Bale y Mark Wahlberg es muy entretenido. Sin embargo, es en este momento cuando aparecen los clichés típicos de Hollywood.
Lo de Garayalde es realmente admirable, tanto desde una perspectiva humana como estética. Aunque cuenta con una historia propicia para una serie de golpes bajos, el director evita en todo momento que la emoción se desborde.
Carece de tensión, otro déficit mayor para un film de espionaje. 'La red Avispa' tiene un desarrollo “liso”, rutinario, como si Assayas hubiera sufrido de un repentino ataque de netflixización, si se permite el neologismo.
Hay un mérito básico en el realizador australiano Craig Gillespie, que consiste en narrar esta historia de gente rústica y práctica con la misma rusticidad y practicidad.
Lejos de esas generalizaciones sobre la sociedad de su país, lo mejor de Candelaria está dado por la relación entre la cámara y ambos protagonistas. Cuando ellos están en cámara, la cámara se detiene frente a ellos, observándolos con paciencia.