No es un retrato de Jackie Kennedy, sino una deconstrucción de todas las Jackies que existieron, creemos pensar que existieron y queremos pensar que existieron.
No es un biopic musical convencional. Carece de linealidad y de lo tradicional, lo cual era necesario. La mente de uno de los mayores genios del pop merecía un enfoque diferente.
Una cinta de otro tiempo. Sin dobleces. Emotiva, conmovedora y entretenida. Porque busca más la sonrisa y la calidez que la lágrima. Nueva película para añadir a tus favoritas navideñas.
Un emotivo retrato de personaje, es su trabajo menos afinado de Ball y, a pesar de ello, resulta disfrutable y esperanzador en tiempos de separación familiar.
La música guía la narrativa de la película, lo que es suficiente para que los admiradores de Queen, así como aquellos que, aunque no lo deseen, conocen las letras de sus grandes éxitos, disfruten de un momento pleno que culmina de manera espectacular.
La película se desarrolla como un thriller psicológico, manteniendo un control efectivo sobre la tensión. Sin embargo, lo más destacado es, sin lugar a dudas, la actuación de Shia LaBeouf, quien deja la impresión de que no está del todo claro si se interpreta a sí mismo o a McEnroe.
Delpy tenía la intención de rendir homenaje a su madre, pero su principal desafío fue condensar todos esos recuerdos en un lapso de dos horas. Esto resulta en una falta de enfoque, ya que la película se desarrolla completamente en un flashback, y la justificación para narrarlo se siente inverosímil.
La elección de un tono cómico y el ritmo imparable con el que cuentan esta compleja historia, hace de ella un filme entretenido. Ni mágico ni adictivo, pero te darán ganas de volver a jugar.
Joanna Hogg cierra con una secuela perfecta. ¿Qué es lo que le brinda felicidad a Julie? "Que la gente no se olvide de la película cuando aparecen los créditos finales". Felicidad alcanzada.
La identidad del coreano-americano se reivindica con sutileza en una película que no se deja caer en un pozo de nostalgia. Bonita y delicada historia familiar. El sueño americano continúa.
Un coming-of-age creativo. Es un despertar al arte interpretado por una sorprendente y debutante Honor Swinton Byrne, que se mide en pantalla ni más ni menos con su madre. Lo mejor es cómo acaba.
Que Kormákur sea un director de acción provoca que la película posea un interés desigual; las escenas de tormenta, soledad, dudas y miedos son considerablemente más destacadas que el romance.
A su favor, no se centra únicamente en Hart y Jackman, sino que se adentra en el núcleo de una campaña y en el entorno de una redacción. Es un antecedente interesante para entender mejor los Estados Unidos de hoy.
Reitman decepciona con un drama trivial. Carece de ironía, humor negro o sarcasmo. La historia se centra solo en el dolor y las lágrimas, convirtiéndose en un melodrama predecible. La película se sostiene únicamente gracias a las excelentes interpretaciones de dos actores.
Hancock logra generar momentos de tensión, enfocándose más en las actuaciones de sus actores que en una trama cuidadosamente elaborada o en una dirección audaz.
Comedia agridulce, nostálgica y deliciosa. Es un claro y hermoso homenaje al gran cine italiano. El mensaje de Virzì es sombrío, pero logra que lo asimilemos con una sonrisa. Una hermosa comedia.