Un testimonio desparejo, de buen diseño estético pero abundante en cabos sueltos que sostiene un buen ritmo y algunos momentos de impacto, basados en un argumento tomado de la vida real.
Merece verse por la actualidad de sus conflictos, sumados al drama de la necesidad de emigrar con la presencia de traficantes que lucran con el negocio de los que deben buscar una salida en deplorables condiciones.
La película destaca por su cuidada estética y presenta los diversos problemas de discapacidad de manera respetuosa, evitando el efectismo y sin caer en golpes bajos.
El director James Gray nos sumerge en una aventura atemporal, donde se fusionan la Edad Media y un futuro turbulento, ofreciendo reflexiones sobre la soledad y la vulnerabilidad del ser humano.
No se caracteriza ni por su mesura, ni por su poder de síntesis, pero aporta buenos diseños, escenas de acción de nivel y cumple con su mensaje humanitario, recurriendo al universo de personajes de la saga.
Los efectos especiales son una fiesta y el ritmo es bastante bueno. Hay que reconocer que la película se vería mejor con menos minutos, las abundantes escenas de acción duran demasiado, pero, en síntesis, entretiene con su factura tradicional.
Pudo ser una gran película, pero el guion no cumplió con las expectativas. Sin embargo, lo que le falta en contenido se compensa con las excelentes interpretaciones.
En síntesis, nada nuevo. La película resulta algo densa y prolongada, llena de referencias a ritmos de moda y géneros populares, como los de superhéroes o las aventuras de James Bond.
Brillante en la picardía y el descaro, sofisticada en el diseño de producción, combinando brotes feministas con responsabilidades maternales, es un amoral combo de anzuelos para todos.