Una comedia romántica amena y vibrante, cuyo ritmo se mantiene enérgico hasta la segunda mitad de la película, y que reúne todos los elementos que atraen a adolescentes y jóvenes.
Todo es evanescente, libre, dispuesto a cambiar de forma en cualquier momento. Se puede entonar loas al amor presente, al Angel de la Bastilla o a la muerte y todo parece encajar en un París sin tiempo, donde todo es bello, joven y puede reiniciarse con libertad.
El problema que se presenta en esta versión es que entra en el campo minado del exceso y las exageraciones, con abundantes litros de sangre y un mal gusto considerable.
Un documental que se ve con simpatía y aunque la mayoría de los adultos preferimos un simple documental que no nos dé juicios sobre lo que vemos, nadie puede substraerse a personajes tan cautivantes.
Aunque el guión no esté a la altura de las películas anteriores de la saga, el ritmo es acelerado, los personajes siguen atrayendo y el plano formal es impecable.
Es un divertido entretenimiento con bromas inteligentes, importante presencia de la música, que alude a distintos momentos cinematográficos de conocidas películas.
El filme presenta problemas de verosimilitud y ciertas reiteraciones. En general, se trata de una comedia ligera, accesible para todo público y sin demasiadas ambiciones.
El logro del filme está en el diseño del mundo del circo en épocas posteriores a la Primera Guerra Mundial, con su magnificencia pero, curiosamente, sin la importancia del mundo animal en sus establos.
La película de Eastwood destaca por su discreción y austeridad. Está bien narrada, aunque en ocasiones la densidad y la duración del metraje hacen que resulte un poco pesada.