Es un divertido entretenimiento con bromas inteligentes, importante presencia de la música, que alude a distintos momentos cinematográficos de conocidas películas.
El filme presenta problemas de verosimilitud y ciertas reiteraciones. En general, se trata de una comedia ligera, accesible para todo público y sin demasiadas ambiciones.
El logro del filme está en el diseño del mundo del circo en épocas posteriores a la Primera Guerra Mundial, con su magnificencia pero, curiosamente, sin la importancia del mundo animal en sus establos.
La película de Eastwood destaca por su discreción y austeridad. Está bien narrada, aunque en ocasiones la densidad y la duración del metraje hacen que resulte un poco pesada.
Destaca el gran trabajo de un niño actor, entonces de doce años, Roman Griffin Davis; el de Scarlett Johansson (la madre) y la niña Thomasin Mc Kenzie, sumados a una formidable inclusión de temas musicales.
El filme de Paula de Luque ofrece una representación creíble, emocional y sorprendentemente verosímil de la pareja Perón-Eva y de todos aquellos que forman parte de su historia.
La historia, bien llevada por Mimi Leder, con todos los clichés que suponen los filmes biográficos, permite conocer a una heroína por los derechos de la mujer, muy bien encarnada por Felicity Jones.
No sólo los clichés se multiplican sino que la música magnificada en altos decibeles los acompaña. Su exagerada sonoridad es la única manera que tiene el director de hacer sobresaltar al espectador.
Con un viaje sutil por primeros planos que se hunden en los sentimientos de los protagonistas, Paul Thomas Anderson radiografía un terceto que sería un banquete para Agatha Christie o Patricia Higsmith.