Con un tempo minimalista y a veces desquiciante, diálogos más para merluzos que para besugos y golpes tan rompedores en el género, el filme multiplica efectivos gracias a su trío protagonista. Un consejo: paladearla en VO.
No logra cautivar con la intensidad esperada, a pesar de la buena intención mostrada, lo cual no impide que, en gran medida, rinda homenaje al excelente cine francés y capte la atención de sus seguidores.
Las dosis de ironía y esperanza resultan familiares para los seguidores de 'Mi vida sin mí' o 'Cosas que nunca te dije'. Es un cambio interesante hacia el drama, aunque parece carecer de una dirección clara.
Fast food coqueto. Sencilla pitanza sabrosona para paladares desinteresados en deconstrucciones o hidrogenizaciones culinarias al saciar el hambre en una sala de cine.
Supersalidillos. Es un intento fallido de ofrecer una comedia que se siente como una simple repetición de fórmulas desgastadas del cine estadounidense contemporáneo.
El conjunto, mezcla entre videojuegos como 'Dead Island' y películas como 'Zombies party' es tan demencial, gamberro y cachondo que merece laureles desinhibidos.
Nancy Meyers aborda, con destreza y experiencia, temas y clichés, logrando un producto de calidad estándar, adornado con el mismo buen gusto característico de sus trabajos anteriores.
Un excesivo subrayado, tanto en diálogos como en situaciones, le otorga un toque peligrosamente artificial a una fábula que brilla en sus mejores momentos durante la 'sección argentina'.