Lastrado por varios nubarrones, la historia a menudo se siente como si la emoción fuese un mero artificio. Sin embargo, a pesar de sus fallos, la película ofrece bellos momentos cargados de vitalidad y presenta paisajes impresionantes.
Tolerancia y ajustes de una visión políticamente correcta, alternando descubrimientos visuales con gags de baja intensidad al estilo de Louis de Funès.
Los cineastas manejan con destreza y ocasional brillantez el termómetro de su argumento ocre, dosificando los momentos de sangre, escalofríos y lágrimas infantiles, lo que nos lleva a un desfiladero similar a 'La carretera'.
El resultado de pasar una de las historias más impactantes y poliédricas del género por la turmix del Hollywood actual es tan evidente como frustrante.
Es más sencilla y 'clásica' que simple, y posee la mejor escena de combate de la saga. Balboa, amigo, gracias por volver, aunque, eso sí, ni se te ocurra regresar.
No es más que un entretenimiento inofensivo y algo bobo. Aun así, se insinúa una dimensión más profunda y casi metafísica que, lamentablemente, parece que se explorará en futuras entregas. Se echa de menos, por tanto, una brújula narrativa que guíe la historia.
Cierto que a veces parece un sketch no rematado, pero al final el espectador se lleva la sensación de que no le han subestimado. El resultado es bastante interesante.
Material poético-radioactivo que maneja Zeitlin con atrevimiento e inspiración, apoyándose en una cría que deslumbra con su espontaneidad a lo largo de una fábula inevitablemente irregular.
Su director tiene la habilidad de adaptar las entretenidas peripecias de la tropa vikinga a una película que no busca ser demasiado ambiciosa. Destacan especialmente el pirata tartaja y el padre del ingenioso pelirrojo.