Sin eludir los tópicos más graves de la profesión periodística y la guerra, el filme logra funcionar de manera aceptable. Sin embargo, la credibilidad se desploma en su tramo final.
Planea sobre el campo abierto de la ironía más sutil desde su mismísimo título. Aunque se le vaya la mano en el 'acelerado' tramo final, la sensación que desprende es de una lenta tristeza.
Provocará que los fans piensen, entusiastas como Michi Panero al observar RoboCop: “Es la historia de mi vida”. El resto de mortales podría arriesgarse a quedarse atrapados en un sopor.
Entretiene de manera adictiva y cumple con las expectativas, aunque parece que Downey Jr. chasqueaba los dedos con mayor maestría en años anteriores. En esta ocasión, se queda solo en hacer sonar su super-sonajero.
Vertiginosa, brillante y sinfónica adaptación de Hellboy, protohéroe 'grunge' y farruco que pega un brutal puñetazo en la mesa redonda de tanto viejo rockero marveliano con los royalties en el superbolsillo.
Exótico cruce entre 'La Cenicienta' y 'Rocky' con generosa guarnición de cine social, una bonita y pegadiza historia. Pieza indie bien afinada, soñadora y pícara con una Buckley devorapantallas.
Bluff Brothers destaca por la notable química y el humor entre Perea y León, quienes logran capturar la esencia del esperpento. Su habilidad para transformar lo cotidiano en situaciones hilarantes es admirable y añade un toque especial a la narrativa.
La película logra mantener un tono ligero y divertido. Es como una cama elástica acolchada que nos permite disfrutar sin grandes esfuerzos. Un rato entretenido que, aunque no profundiza en los temas, ofrece una experiencia amena.
Fabulilla de iniciación y fusión de contrarios, esta ópera prima templa y enfila caminos nostálgicos trillados, pero al menos sin destrozar el entorno natural.
La Barbie y el cavernícola plantea una supuesta batalla de géneros que se transforma en un conflicto más tosco y cargado de testosterona que un encuentro de 'gangsta-raperos'.
Ponce presenta una obra debut marcada por la autenticidad y crudeza. La actuación de Sebastián Haro es poderosa y entrañable, mientras que Isabel Ampudia ofrece una interpretación intensa y delicada. La producción, aunque limitada, refleja un compromiso real con el arte.
Sencilla y conmovedora, Drexel evita abordar temas sociopolíticos o exageradamente sentimentales, optando por una historia lineal y clara, que en ciertos momentos recuerda el estilo del cine mudo.
Alterna con salero las gansadas escandinavas y los 'impasses' y callejones dramáticos y hasta románticos a la inglesa. Es una opción entretenida para disfrutar de una tarde.
Logra un mayor impacto y precisión en su primer acto, aunque en su segundo se siente algo abrupto. Se presenta una intrigante trama política con matices agridulces, aunque sus momentos más fuertes no siempre se desarrollan de manera efectiva.