Violento y apasionante thriller de origen estadounidense. Es más que una simple intriga de entretenimiento. La gran fortaleza de Van Looy radica en que, además de entretener con un hábil juego de identidades, crea un audaz cine político y una efectiva crítica social. No obstante, la ejecución de Van Looy es un tanto cuestionable.
No resulta tan entretenida como podría esperarse. Las interpretaciones de Margaret Qualley y Beanie Feldstein son uno de sus aspectos más destacados, pero el guion habría necesitado una revisión para mejorar su calidad.
Sin elementos extraños de lenguaje cinematográfico ni artificios externos, Petzold logra desde el inicio que bajo el manto de tranquilidad de los lugares en los que se ambienta el relato algo perverso parezca cernirse sobre los personajes.
Musical melifluo y olvidable. Al menos, Bardem canta y baila con energía en un papel del que sale vivo y coleando. La película se presenta como una producción familiar simplona, con un mensaje superficial de autoayuda y superación.
El espectador se cuestiona en qué momento Benjamin Ree comenzó su documental y qué motivaciones lo llevaron a ello, lo cual es un aspecto positivo en un formato que se centra en la exploración. También surge la duda sobre hasta qué punto hay un regodeo exhibicionista en sus personajes.
De principio a fin, la comedia es el eje central. Agradable en general, aunque en ocasiones la extravagancia se siente un tanto forzada. Siempre resulta entretenida, aunque no logra profundizar realmente. De hecho, da la impresión de ser una película de hace 25 años.
Un trabajo muy desigual en lo formal, con una discutible fotografía de exteriores y algunos efectos oníricos discretamente estéticos una película, al menos, desacostumbrada.
Una estimable película de vocación modesta que se ve con una media sonrisa acaba logrando lo que pretende. No busca más que lo que hay, pero lo encuentra.
Película que destaca por su falta de ambición, donde se recurre a una antigua estrella como Jim Carrey. Presenta situaciones melosas que agradarán a padres que no son sensibles a la exageración, además de risas fáciles para niños menores de diez años.
Una comedia de tintes negros y dramáticos muy curiosa. Gabilondo mueve su cámara con naturalidad, capta bien en montaje cada una de las reacciones y ofrece una bonita expresividad en cada plano.
La fantasía digital carece de misterio en esta adaptación del libro. Presenta un tono melancólico que lamentablemente ha dominado el cine infantil en los últimos quince años.
Estupenda película con un brillante apartado audiovisual: fotografía y tratamiento musical y sonoro excepcionales. Los juegos de miradas, magistralmente desarrollados por Mangold en la puesta en escena y el montaje, añaden una profundidad única a la historia.
El regreso del prestigio. Zambrano destaca en la dirección de los actores. Con elementos del género, como el wéstern, thriller y road movie, la película es cruda y áspera, aunque su desenlace pierde un poco de fuerza.
Yuasa es capaz de crear una mezcla de sensaciones que puede pasar en minutos de la carcajada cómplice al desgarro. Su estilo es curioso en cuanto a la fusión de géneros, lo que resulta en un atractivo conjunto.
Debut interesantísimo. Una comedia negrísima de trasfondo social con temas de enorme calado, expuestos a través de diálogos sorprendentes en muchos momentos alejados del realismo pero interpretados con enorme naturalismo.
Pasadísima una vez más de rosca en cuanto a metraje, sobre todo en relación a lo que se está contando, la película nunca encuentra un tono adecuado ni se desarrolla con coherencia. Cuando pretende hacer gracia, es casi patética.