Estamos ante un ejemplo de realismo mágico verdaderamente insólito en el cine. Su simpatía antropológica puede superar algunos defectos que, debo advertir, son varios. El desenlace es totalmente inesperado.
Jacobs intenta llevar al cine la prosa sobria y despojada de Coetzee, evitando caer en anclajes melodramáticos. Sin embargo, no lo logra completamente, ya que la desnudez de la narrativa poco tiene que ver con el academicismo y la frialdad.
Espléndido trabajo del habitual documentalista Kevin MacDonald, portentosa interpretación de Forest Whitaker, capaz de pasar de bufón a ogro, de lo grotesco a lo trágico, con un único gesto.
El evidente interés político y humano de la película se ve perjudicado por la explicitud del discurso. El más que interesante punto de vista de los religiosos católicos se resuelve de forma intrascendente, con un mensaje que parece destinado a niños de primaria.
A pesar de sus imperfecciones narrativas, se ve en todo momento con interés. Muchas de las situaciones más comprometidas son presentadas de manera superficial y cautelosa.
Casi parece una ONG en sí misma. La historia reúne todos los clichés sobre el bandidaje, la desconfianza de los cooperantes, la imposibilidad del amor y el aprovechamiento de las mafias.
Otra colaboración Herzog-Kinski, con las características habituales: visionarios de un nuevo mundo en lucha con su propia mente, ambientada en un país hostil y extraño.
Pretende ser cine clásico, pero solo es académico. Y el material humano y el político, con unas cuantas frases hechas, no aguantan el envite. Tiene una reconstrucción muy digna que resuelve con planos sueltos de gran eficacia.
A Zwick se le notan las ganas de salirse de su habitual clasicismo y lo logra casi en todo momento. Aunque quizá la explicación al comportamiento de Fischer deja un regusto de excusa mal planteada.
Poderosas interpretaciones de Melissa McCarthy y de Richard E. Grant, es en la mirada perdida pero personal de estos dos seres extraviados donde reside la grandeza de esta pequeña película.
Asentada en la interpretación de tres magníficos actores, la película carece de atrevimiento formal en el montaje y la puesta en escena, lo que impide que el espectador se sienta plenamente involucrado en la difícil situación de sus protagonistas.
'The master' es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. ¿La película más complicada de desentrañar desde '2001, una odisea del espacio'? Quizá. Decían que Anderson, atención, de solo 42 años, era el nuevo Kubrick. Nada. Anderson es solo Anderson. El maestro.
Las aportaciones externas tienen una espectacularidad ejemplar. Sin embargo, algunas de las músicas de fondo no logran funcionar adecuadamente. A pesar de estos desajustes, cuando se trata de mantener la austeridad narrativa, Boyle lo logra.
La idea es de una sencillez tan aplastante que a nadie se le había ocurrido desarrollarla con tal grandeza. Excelente película, con la inestimable ayuda de Anthony Hopkins y su maestra interpretación.
Un trabajo sencillo, que no simple, pero que finalmente se muestra alicorto en casi todos sus aspectos artísticos. Con una excepción: el terreno interpretativo, donde Stanley Tucci y Colin Firth lucen como suelen, y la acaban elevando un tanto.
Es un buen producto. Lo que realiza, lo ejecuta correctamente en todos los aspectos, tanto técnicos como artísticos. 'Vivir dos veces va a lo suyo' y lo logra.