J. Edgar, excelente en casi todo, es puro Clint Eastwood. Ahí están la luz tenue y sus matices pictóricos, su cadencia, delicadeza y el apasionante retrato de un hombre contradictorio.
La primera mitad de la película es una rotunda maravilla. Sin embargo, una vez que Tiana se convierte en rana, la historia entra en un bache reiterativo. Un recorte efectivo de sus 97 minutos podría haber mejorado aún más este espléndido regreso al pasado.
Estimulante combate dialéctico roto por una narrativa deplorable. Es la viva demostración de que una interesante conversación entre dos genios puede resultar un tostón si no se ordena y se visualiza con el suficiente talento.
Aunque cumple con lo que promete, el entretenimiento y la intriga del whodunit (¿quién lo hizo?), además del aparente lujo, incluso en clave de musical de altura, en las tomas de exterior la película está a punto de derrumbarse por culpa de unos horrendos planos con croma.
Una obra esencialmente diplomática que se desvía con cierto brío hacia el espionaje y el suspense, y que siempre mantiene el notable atractivo intelectual de los personajes. El director narra su relato con elegancia, pasión y reflexión.
El talento visual de Zhang sigue presente, pero la trama de espionaje resulta a menudo confusa. Los espías se ven limitados por el exceso de esteticismo y propaganda.
Sólida en su narración, 'The Good Traitor' cojea en demasía en su visualización y en su mala combinación de blanco y negro con color. Es un esfuerzo más digno por su valor educativo que por sus cualidades cinematográficas.
Su estructura de manual de guion, con frase clave en el momento climático, empequeñece un conjunto sobrio, que da la vuelta a la historia de Bonnie y Clyde.
Extraordinario ejercicio de metraje encontrado de incalculable valor en tres vertientes: la histórica y la política; la vanguardia y la teoría de la imagen; y la del aspecto más humano, el arrepentimiento, la redención, incluso la vergüenza.
Dirigida con una pulcritud e impersonalidad características por el experimentado Rob Marshall, esta película se asemeja mucho en estructura a la original. En lugar de adoptar un enfoque más moderno en lo técnico, opta por conservar un estilo retro.
Un trabajo notabilísimo en torno a la estética, la ética e incluso la legitimación de la barbarie por medio de temáticas y desarrollos, como una pieza más del mecano del genocidio.
Pedestre en su narrativa y en su producción, el tono de folletín familiar con risibles toques de espionaje bélico y hasta de thriller de intriga exhibe una atroz inconsistencia. El ritmo es tan lento que desanima, y la puesta en escena resulta vulgar.
Incuestionable heredera de 'Pa negre', esta película se presenta como una obra destacada. La producción es impecable, complementada por sobresalientes elementos formales y artísticos. Se trata de una gran representación de la Guerra Civil.
La contrapartida de una película sin estilo sobre un escritor de estilo único, quizá el mayor de sus defectos, es que, a pesar de todo, la historia es siempre interesante por cada acera vital por la que pasa.
Quizá demasiado larga en cuanto a metraje, pero con un notable nivel medio, la película, desde luego, quedará en la retina por la valentía de un instante eterno.