Ya no se hacen películas así. Y eso convierte a Woody Allen en un director único. Es una nueva demostración de libertad; también de trascendencia a partir de la sencillez, de complejidad desde la ausencia de afectación.
Un guion tramposo en el que se introduce el típico personaje que todo lo sabe y todo lo explica, perfecto para no complicarse una narración en la que, sello de estilo, se pasa por encima de los temas problemáticos.
La película es relativamente bonita y podría ser incluso bella si no dejara un extraño regusto a un 'Amar en tiempos revueltos' japonés por su planicie en la puesta en escena.
Hay películas que nacen viejas antes de empezar. Una narración rancia acompañada de un simple bosquejo de la figura de un gran cómico del cine popular.
Un cargamento de lugares comunes alrededor de los triángulos amorosos, el maltrato animal y la violencia de género. Poco hace para escapar del cliché, tanto en su engranaje general como en el secuencial.
Una película río, de amplia cobertura temporal. El descalabro es mayúsculo. Un simulacro de grandilocuencia con retórica temible, como un gag paródico de una gran producción de Hollywood.
Un producto de calidad, de primoroso acabado, aunque en ocasiones más aparente que solvente. Lo tiene todo para triunfar: una historia de superación, excelentes diálogos, ironía, delicadeza, emoción, ligereza.
La sensación de fascinación dura apenas media hora. En cuanto el protagonista abandona la máquina de escribir y se engancha a una especie de personalísima ONG integrada por un solo miembro (él mismo), la película se hunde.
Hasta la aparición del amante de la mujer, la película avanza con fuerza y convicción, destacando por sus excelentes interpretaciones. Sin embargo, en el tercio final, Sneider pierde un poco el tono en la puesta en escena, enfatizando el elemento de folletín.
En la primera mitad, la película avanza de manera constante, exhibiendo una notable mesura, con altura dramática y un impacto visual poderoso. Sin embargo, el tercio final resulta ser más decepcionante.
Decepcionante, una película con un trasfondo artificial. Towne ofrece calidad en algunos diálogos, pero, en general, el guión se siente excesivamente dependiente de la voz en off explicativa.
El Rick's de Shanghai. Con su habitual academicismo algo distante, pero con un indudable sentido estético, Ivory crea su tragedia con tranquilidad, casi con lentitud.
El guión posee la agilidad necesaria para que los problemas de producción se diluyan en la memoria. Se disfruta con una sorprendente facilidad, destacándose las actuaciones de Scarlett Johansson y Helen Hunt.