El arte de la película está muy cuidado y, salvo algún detalle suelto, la acción está resuelta sin alardes, pero de manera suficiente. Sin embargo, el principal contratiempo es que la historia va claramente de más a menos.
Dos películas en una. La primera es una obra histórica convencional, más académica que clásica, pero en modo alguno despreciable. La segunda es emocionante hasta rozar las lágrimas.
Fría y certera radiografía de la reunión que llevó al Holocausto. Matti Geschonneck asume con buen criterio que no puede hacer nada en su puesta en escena que enturbie la gelidez de las palabras y los planes de aquellos hombres.
El filme intenta ser un nuevo wéstern en un entorno inhóspito, pero no logra cumplir con esa ambición. Las motivaciones de los personajes están más relacionadas con el folletín que con una narrativa sólida.
Bonita, un notabilísimo diseño de producción y una impecable factura técnica y artística. Con un ritmo endiablado que pocas veces desfallece, destaca la frescura de los intérpretes.
Película sobre el Holocausto que sigue la sólida tradición de Hollywood. Es una obra clásica, protagonizada por un destacado elenco de actores. Presenta dos historias de amor muy diferentes y cuenta con una narración efectiva.
Acaba siendo una estupenda película para toda la familia, con todo lo que ello conlleva: sus virtudes populares y sus inevitables defectos melosos e intrascendentes.
El remilgo visual y textual viene de la mano de un tema mayor y de unos subtextos interesantísimos, lo que deja en pie a la excelente primera hora y cuarto. Sin embargo, en la segunda y tercera partes, el cine excesivamente elaborado de Malick no logra penetrar con la misma fuerza.
Crónica incluso didáctica. Ofrece lo que prometen las películas de Emmerich: una experiencia centrada más en el espectáculo que en el rigor. Sin embargo, esta vez se presenta con un toque adicional de moderación.
La parte militar y política es muy interesante. La parte romántica, no tanto. Y la dicotomía entre la humillación y la piedad, que debería haber sido fundamental, acaba perdiendo terreno.
Una de esas películas-río más grandes que la vida. A la antigua, a contracorriente. Ambiciosa y profunda en algunos aspectos, y un tanto superficial en otros, tiene algunos resbalones obvios de tono.
Con una formidable producción y perfecta en escenarios, vestuario, localizaciones, decorados y factura técnica en general, se presenta un excelente trabajo interpretativo.
A pesar de una dirección que recuerda al estilo de Malick, la primera mitad de la película consigue captar la grandiosidad de la parafernalia nazi. Sin embargo, en la segunda mitad, la narrativa se convierte en un relato bélico más convencional.
Es una película que, como no podía ser de otro modo, huele a ya vista y oída, pero que se las ingenia bien para trasladar a la platea un universo inquietante, al menos en parte.
Con decorados que reflejan una posible realidad y actuaciones, en su mayoría, poco destacadas. Es una película de baja calidad, pero es sincera en su enfoque y su naturaleza cerrada.
Con un puñado de excelentes actuaciones y el brío natural que poseen los trabajos de Gibson, su nueva película vuelve a ser un sermón poco sutil que, en su fascinante visualización, se convierte en la feliz contradicción que es el australiano como artista.
Es un melodrama solemne, un thriller lírico, un drama existencial sobre una época de lucha y huida controlada. Una obra vehemente e inteligente, con bellísimos momentos.