El director recupera con esta película parte de sus esencias, ciertas formas y, sobre todo, la fuerza de sus diseños, pero aún sigue en barbecho en la cuestión narrativa. (...) película atractiva y coja, con bellísimos momentos esporádicos
La película carece de enigma, pero establece una estructura dramática efectiva. Esto no es fácil de lograr, aunque no se puede considerar brillante. Además, el personaje de Turing, siempre arriesgado, merecía más valentía en su representación y menos conformismo en su desarrollo.
Petzold neutraliza el peligro de la falta de credibilidad gracias a la actuación de los dos protagonistas, los sobresalientes Nina Hoss y Ronald Zehrfeld, quienes transmiten mucho a través de sus miradas.
De aspecto impoluto, excelentes intérpretes y enorme interés dramático, donde una cierta superficialidad en el desarrollo provoca que los aspectos sentimentales y melodramáticos acaben ganando la partida a los más ambiguos, trascendentes y, por qué no, interesantes.
Es una explosión de creatividad no siempre virtuosa hay decisiones geniales, imágenes brutales de una violencia descarnada junto a numerosos momentos de delírium trémens cinematográfico francamente incomprensibles
En el filme no hay dobles caras, solo estereotipos. Fleischer crea una repetición sin originalidad, una simple copia que carece de verdadera capacidad para la puesta en escena.
Una película de cuidada fotografía, bellos paisajes, nobles propósitos y evidente interés, a la que le falta el alma que proporciona el atrevimiento, la sorpresa, el talento innato.
Un planteamiento que funciona medianamente bien en el guion, pero no tanto en la puesta en escena, tan deudora del cine de Terrence Malick que, al tratarse solo de un sucedáneo, pierde la oportunidad de convertirse en una película realmente auténtica.
Una obra de aliento clásico que quizá se quede en un tono simplemente añejo. La presencia de un torrente como Tommy Lee Jones dando vida a MacCarthur otorga cierto sentido a 'Emperador'.
Incluso a la mayor de las locuras hay que otorgarle una estructura, un ritmo adecuado, unos personajes con un objetivo. 'Crebinsky' carece de todo ello, disolviéndose como un azucarillo.
No logra emocionar a lo largo de los encuentros y desventuras del grupo. Carecen de la profundidad dramática y el análisis político necesarios, y sobran momentos de monotonía.
Capta muy bien el narcisismo y el egocentrismo de Welles, aunque la intriga criminal, en tono de cine negro, huela un tanto añeja en la forma. La trama que termina imponiendo su interés es la política.
Una película un tanto meliflua, aunque nunca cursi, que busca la lágrima más eficaz. Al tratamiento de los conflictos les falta profundidad. Pero los adictos al sentimentalismo y al melodrama se pueden sentir como en casa.
El planteamiento es interesante, pero resulta más monótono en lo que respecta al drama y la tensión. Las conexiones están destinadas a un público selecto o a quienes tengan un gran interés, lo que puede frustrar a aquellos que simplemente buscan disfrutar de una trama intrigante.