Un clima de terror en el que no solo la fotografía reluce como elemento formal. También un diseño sonoro disfrazado de fantasmal banda sonora que acaba acogiendo a una obra escueta, vigorosa y compleja.
Formidable, filmado y sonorizado con el estilo de un thriller de terror, aunque no lo sea. Elegantísimo en las formas y lleno de recovecos en el fondo.
Grandioso ejercicio de energía visual y sonora. Un trabajo que Phillips transforma en algo sumamente personal. Es la película más incómoda que he visto en mucho tiempo, formidable y retorcida.
Demasiados pasajes del pasado adoptan un tono convencional, reminiscentes de telefilmes, acompañados de una banda sonora excesivamente sentimental. En contraste, en las escenas de gran tensión, Kormákur se muestra más cómodo y brilla en la construcción de la tensión.
Una sólida película de la escuela de los años setenta que despliega su relato en diversas vertientes, todas con notable densidad y calidad. Es un trabajo altamente distinguido.
El contexto en el que se desarrolla la narración es considerablemente más interesante que la historia en sí. Aunque se realiza un loable trabajo sobre la memoria, la emoción solo surge cuando se incorpora el material de archivo.
Gigineishvili no juzga, pero muestra la desesperación. También los efectos de esa angustia, los errores, la muerte de inocentes. Cine político para tiempos políticos.
Linklater filma con una inaudita autenticidad su carta de amor a la música, a los futbolines y a las pinballs, como si realmente estuviéramos ante una película de 1980.
De ambiciosa temática y desarrollo algo esquemático, 'Pride' encuentra la emoción cuando busca la verdad de sus personajes, y el resquemor cuando huye de los problemas por medio de bromas que buscan la risa más fácil.
Uno ve este 'thriller', sensacional tercer largometraje de J. C. Chandor, y no ve a un imitador, sino al propio Lumet redivivo (...) la película es sutil, hermosa y brutal.
Tiene todo lo que debe poseer un gran documental, ya que cuenta con carisma, una sólida narrativa y un atractivo visual. Presenta una historia apasionante que, a pesar de su toque maquiavélico, se desarrolla con profundidad, pasión y hasta con un toque de gracia.
Ambiciosísima epopeya sobre la sexualidad que destaca, por encima del fondo del relato, apasionado aunque algo superficial, su talento para el manejo del lenguaje cinematográfico, la conjunción de sonidos, músicas, encuadres, montaje y color.
Cerca del modelo scorsesiano, los personajes de Jong-bin parecen copias exactas al prototipo que bordó Joe Pesci: pobres tipos de apariencia enclenque, capaces de cualquier barbaridad mediante estallidos de rabia.
Un producto genuinamente contemporáneo: indolente, insustancial, blanco, que va de gamberro pero que sólo es ligeramente travieso, más cerca de 'High School Musical' que, por poner un ejemplo, del alma contestataria de 'Hair'.
Tamahori recurre al sensacionalismo al enfocarse en el sexo, sin ofrecer una crítica social que profundice más allá de los clichés. Mientras tanto, Dominic Cooper se diluye en su doble papel, presentando un retrato que se asemeja más a una parodia al estilo de Borat.
Adrenalina sin sustancia. Con un metraje excesivo para contar tan poco, la película no logra convertir sus fuegos artificiales en visiones emocionales.