Con una ágil cámara al hombro en las secuencias de exterior, y a través de planos fijos prolongados en las de interior, Basilia crea un retrato genuino de la desesperación que impacta profundamente.
Howard aporta su experiencia como narrador, pero en las secuencias de lucha y combate muestra una puesta en escena y un montaje desactualizados, sin energía ni impacto. Este aire frustrante solo se desvanece en los últimos treinta minutos.
Tiene todo para el triunfo entre el gran público: actores famosos, trama de lo más simple, efectos especiales de impresión y diálogos facilones. Basado en una famosa serie de TV. Lo mejor, los títulos de crédito.
Es divertida y fresca. Comienza con una excelente presentación de personajes y del conflicto. Hay que destacar que el diseño de sus criaturas y ambientes es realmente novedoso.
Solvente segundo largo de Hugo Stuven, que impone un notable ejercicio de puesta en escena. Con unos espectaculares minutos iniciales, el director demuestra su pulso y estilo.
La directora juega con los formatos, con los reencuadres y los colores, con un arte elegante y atrevido, y la mixtura resultante tiene mucho de coherente vanguardismo y poco de pomposa y vacua osadía.
Una mayúscula sorpresa, una bomba de relojería, desinhibida y procaz. Este producto desafía los clichés y se inspira explícitamente en el cine de John Hughes, especialmente en 'El club de los cinco'.
El valor social de ‘Campeones’ continúa siendo relevante, aunque su calidad cinematográfica ha decaído. La narrativa se siente excesivamente extendida y lo que alguna vez fue un audaz humor negro ahora se presenta en exceso como comedia infantil.
A pesar de algunas ideas interesantes, la película resulta en su conjunto predecible y carente de sorpresas; cumple con lo básico, pero se siente apagada.
Una obra muy atractiva en su concepto, que logra recoger con gusto la leyenda pero que fracasa en el aspecto central de lo que pretende: el del terror, visualmente convencional y narrativamente pobre.
Quizá sea en el aspecto narrativo, el guion, las situaciones, los diálogos y el desarrollo de los personajes, donde la película se siente más anticuada. Sin embargo, la verdadera aventura es apasionante. Lamentablemente, su representación en la película no lo es tanto.
Se puede resumir en una frase: una de Kevin Costner. En este caso, una más de las pompas honorarias a los servidores sociales tras el 11-S: tópica, meliflua, militarista.
Se despliega como un precioso elogio de la peculiaridad y la extravagancia de carácter en los críos. Fresca y deliberadamente menor en su falta de pretensiones, se disfruta plenamente y presenta dos gags fantásticos.