Una premisa curiosa que no se traduce en una gran producción de 30 millones de dólares y dos horas y cuarto de metraje. Todos los tópicos se van sucediendo sin sorpresas.
Marvel se refresca con la coreografía china. El director, hasta ahora reconocido por su trabajo en géneros muy distintos de la acción, demuestra un gran dominio en este nuevo enfoque. La película, especialmente en su brillante primera mitad, logra superar las expectativas.
Con algún hallazgo estético de mérito, Laugier vuelve a exponer sus torturas con una determinación difícilmente soportable. Pero desbarra en su expreso homenaje al maestro del terror literario H. P. Lovecraft.
Ni Harris ni el director, Peter Webber, cumplen con sus funciones. La trama se limita a un esquema predecible de venganza contra aquellos que causaron el sufrimiento, y poco más.
El valor social de ‘Campeones’ continúa siendo relevante, aunque su calidad cinematográfica ha decaído. La narrativa se siente excesivamente extendida y lo que alguna vez fue un audaz humor negro ahora se presenta en exceso como comedia infantil.
A pesar de algunas ideas interesantes, la película resulta en su conjunto predecible y carente de sorpresas; cumple con lo básico, pero se siente apagada.
Una obra muy atractiva en su concepto, que logra recoger con gusto la leyenda pero que fracasa en el aspecto central de lo que pretende: el del terror, visualmente convencional y narrativamente pobre.
Se despliega como un precioso elogio de la peculiaridad y la extravagancia de carácter en los críos. Fresca y deliberadamente menor en su falta de pretensiones, se disfruta plenamente y presenta dos gags fantásticos.
Weir reflexiona sobre los efectos psicológicos de sobrevivir a un accidente de avión. La idea es atrayente, pero la película provoca la somnolencia a causa de sus pretensiones dogmáticas y su cansino ritmo.
Formidable. Una obra que explora el cuerpo, desde una perspectiva visceral. La narrativa tiene un fuerte componente social, pero lo que realmente destaca es su aspecto visual. Víctor Polster ofrece una actuación que deja una huella imborrable.
El tránsito, no ya de puntillas sino simplemente a la carrera, por algunos de los temas más espinosos de la trama (violencia familiar y callejera, drogas, prostitución empresarial...) deja bien claras las intenciones del filme.
La película, a pesar de su enfoque didáctico, puede resultar excluyente incluso para algunos cinéfilos. Su guion es tan rígido que no permite momentos de respiro, considerando que todo es significativo y cargado de importancia, incluso el lenguaje empleado.
La película comienza de manera apagada y deliberadamente anticuada, pero mejora a medida que avanza la trama. Lo que mantiene su nivel de entretenimiento es el retrato acertado de la amistad entre las tres adolescentes.