Se ve con interés, tiene consistencia en las interpretaciones principales, gusto en la producción y el arte, y unos logrados efectos especiales (...). Todo ello comandado por el pulso y la artesanía habitual de González Molina.
El mayor inconveniente de la película radica en que forma y fondo nunca logran converger. Es entretenida, mantiene un buen ritmo y presenta ciertos elementos interesantes, pero se queda un poco a medias.
Con algún hallazgo estético de mérito, Laugier vuelve a exponer sus torturas con una determinación difícilmente soportable. Pero desbarra en su expreso homenaje al maestro del terror literario H. P. Lovecraft.
Carlyle no logra elevar la calidad de esta película negra. Incluso el personaje interpretado por Emma Thompson, que evoca a su tiempo en Little Britain, parece por encima de la actuación en la que está inmersa.
Puede dar el pego como entretenimiento a los lectores de Poe les sabrá a poco, y los presumibles admiradores de la película nunca acabarán acercándose a sus fúnebres terrores, al tormento de su imaginación, a los cuentos y poemas de Poe.
Un primer cuarto de hora extraordinario, donde se destacan diálogos brillantes sobre las reglas del género, que logran rescatar al fan de la monotonía.
Larsson para unos pocos. Entre los hilos argumentales más relevantes y la intriga convencional, se han decantado por esta última. Han desaparecido desde tramas insustanciales hasta otras más elementales.
Iliadis aporta sofisticación a la realización. Sin embargo, el producto resulta ahora más previsible, excesivamente enfocado en la escenificación de los momentos de impacto, los cuales rara vez se perciben como originales.
La fotografía es excesivamente brillante; el frenético montaje recuerda los peores momentos de Tony Scott. La dirección artística resulta inverosímil y, a menudo, risible. Las pretensiones morales son, claramente, desmesuradas.
Dos grandes, perdidos. Rutinario thriller policial de marcado tono ultraderechista, es la última muestra de su falta de rumbo. El desenlace es rocambolesco, basado en un truco de guion.
Ni Harris ni el director, Peter Webber, cumplen con sus funciones. La trama se limita a un esquema predecible de venganza contra aquellos que causaron el sufrimiento, y poco más.
Es probable que se trate de la peor película que se haya filmado en el cine reciente por parte de una productora de Hollywood, con un director reconocido y una estrella como protagonista. gloriosa comedia involuntaria