Se despliega como un precioso elogio de la peculiaridad y la extravagancia de carácter en los críos. Fresca y deliberadamente menor en su falta de pretensiones, se disfruta plenamente y presenta dos gags fantásticos.
Cohen busca protegerse ideológica y moralmente a través de una crítica a las conexiones entre el poder político y el militar. Sin embargo, su enfoque se reduce a un ejercicio de justificación que intenta legitimar los daños colaterales mediante ingeniosas argucias lingüísticas.
Es un dislate de cabo a rabo. El guion es una locura tan absurdamente divertida que, si tuviera algo de gracia, podría considerarse un clásico del camp. Sin embargo, esta extraña mezcla de catequismo y lujuria resulta realmente insoportable.
La directora juega con los formatos, con los reencuadres y los colores, con un arte elegante y atrevido, y la mixtura resultante tiene mucho de coherente vanguardismo y poco de pomposa y vacua osadía.
Película de encargo de Soderbergh, es la clara muestra de que al director no le importa la calidad del material; su enfoque está puesto en la perfección técnica, que a menudo resulta fría. Sin embargo, esto no consigue transformar la esencia del material original ni elevar el nivel de calidad en un relato que carece de profundidad.
Apela a las emociones, pero casi nunca llega a encontrarlas. Cuando se intenta sumar todo el tiempo con aportaciones de autor, pero éstas no añaden valores, se termina restando.
La película comienza de manera apagada y deliberadamente anticuada, pero mejora a medida que avanza la trama. Lo que mantiene su nivel de entretenimiento es el retrato acertado de la amistad entre las tres adolescentes.
De aspecto convencional y puesta en escena que no pasa de lo académico, se acerca a los inmortales mitos de las sectas, las supersticiones y las reliquias.
A 'Infiltrados en la universidad' se logran algunas risas, pero sin llegar a impresionarnos. Sin embargo, le falta un elemento crucial en ciertos momentos: la dosificación del tiempo de los chistes.
Interesante y sorprendente. Satter logra articular la tensión de manera efectiva. Esta película documental no sería lo que es sin la admirable interpretación de Sydney Sweeney.
Solvente segundo largo de Hugo Stuven, que impone un notable ejercicio de puesta en escena. Con unos espectaculares minutos iniciales, el director demuestra su pulso y estilo.
Estupenda película de aventuras con un magnífico retrato de personajes y la demostración de que Chris Hemsworth no solo tiene una gran presencia física, sino que también destaca por su voz, carisma y técnica.
Cruise pasa de la arrogancia a la épica, y la secuela incluye de manera inteligente un emotivo homenaje a Val Kilmer. Es un cine popular digno de mencionarse, aunque se siente como un producto de molde que no es fácil de perfeccionar en la actualidad.
Vulgar comedia de confusión de identidades. El guion es muy pobre y la excesiva iluminación, propia de las viejas teleseries de hace décadas, resulta espantosa.
De factura impecable, juega a romper con todos los géneros. Todo se desmorona sin que suene paródico, desintegrando el hilo conductor emocional y dejando al espectador asombrado ante un trabajo aún más arriesgado que su protagonista.