La película comienza de manera apagada y deliberadamente anticuada, pero mejora a medida que avanza la trama. Lo que mantiene su nivel de entretenimiento es el retrato acertado de la amistad entre las tres adolescentes.
Con aún más lujo y repleta de cameos, confirma que tiene la trascendencia de la foto de cuatro idiotas marcando músculo en un yate. La belleza dramática estaba en el interior de esas cabezas, pero la superficie vende infinitamente más.
A 'Infiltrados en la universidad' se logran algunas risas, pero sin llegar a impresionarnos. Sin embargo, le falta un elemento crucial en ciertos momentos: la dosificación del tiempo de los chistes.
Interesante y sorprendente. Satter logra articular la tensión de manera efectiva. Esta película documental no sería lo que es sin la admirable interpretación de Sydney Sweeney.
Sólida película. Tiene en la mesura de la propuesta emocional sus mejores argumentos. El otro punto álgido de la película radica sin duda en las secuencias de buceo en la cueva inundada, rodadas por Howard con loable clasicismo.
No arranca del todo bien y tarda en encauzarse, entre otras cosas porque a Coira le falta estilo visual. Más entretenida que trascendente, tiene una última media hora interesante en la que sus múltiples hilos se acaban hilvanando.
Las interpretaciones de la siempre magnífica Amy Ryan y de la excelente Thomasin McKenzie completan el notable trabajo de Garbus, en todo momento alejado del maniqueísmo, revelando las terribles aristas de un universo dramático de enorme complejidad.
Comedia dramática con toques de melodrama sentimental, meloso y sin apenas brío, que se ambienta en una colonia de soldados británicos no pasa de convencional producto de buenos sentimientos.
Un relato lleno de rotundidad, delicadeza, belleza y crueldad. La película es dulce y dolorosa, hermosa y salvaje, y presenta un retrato definitivo de la soledad de la maternidad.
Con una puesta en escena, montaje y electricidad emocional que parte de Michael Bay, Peter Berg ha añadido unas gotas del lirismo del Michael Mann más digital
A veces, el tono seleccionado para narrar una historia puede destruirla por completo. Además, se evidencia una notable falta de habilidad por parte del director.
El tránsito, no ya de puntillas sino simplemente a la carrera, por algunos de los temas más espinosos de la trama (violencia familiar y callejera, drogas, prostitución empresarial...) deja bien claras las intenciones del filme.
Durante la primera hora de metraje hay algunos desequilibrios que afectan el ritmo de la película. Sin embargo, el segundo acto es notablemente superior y logran levantar la historia.
De aspecto convencional y puesta en escena que no pasa de lo académico, se acerca a los inmortales mitos de las sectas, las supersticiones y las reliquias.