A veces, el tono seleccionado para narrar una historia puede destruirla por completo. Además, se evidencia una notable falta de habilidad por parte del director.
Utiliza imágenes documentales de apoyo que otorgan credibilidad, pero que se queda corta en lo puramente cinematográfico por la convencionalidad de su estructura y de su tratamiento de personajes.
Partiendo del cine etnográfico, su curiosidad es evidente. Sin embargo, el resultado, que podría haber sido fascinante, resulta demasiado esquemático y empalagoso. La puesta en escena parece ser una elección equivocada.
Una película algo desequilibrada, que se mueve en una onda melodramática pero con instantes de profunda emoción. Hay demasiados elementos en pantalla y escasa reflexión.
Una obra que no busca la risa siempre y a toda costa, aunque encuentre incluso la carcajada, sino un humor doliente, negrísimo, brillante, trágico y atroz (...) 'Negociador' es un triunfo.
De aspecto convencional y puesta en escena que no pasa de lo académico, se acerca a los inmortales mitos de las sectas, las supersticiones y las reliquias.
A 'Infiltrados en la universidad' se logran algunas risas, pero sin llegar a impresionarnos. Sin embargo, le falta un elemento crucial en ciertos momentos: la dosificación del tiempo de los chistes.
Estupenda comedia sobre la revolución francesa de las finanzas. Que una historia tan especializada pueda ser simpática, divertida y emocionante es mérito de los diálogos y la complicidad en la puesta en escena.
De bonitas imágenes y texturas, la película presenta un matiz social con un toque humano tan extravagante como delicado. Las interpretaciones son estupendas, convirtiéndola en una encantadora comedia británica.
Aboga por el suspense continuo. Para quienes solo busquen entretenimiento, puede resultar placentera y suficiente. Sin embargo, aquellos que demanden un examen histórico hallarán personajes caricaturescos.
La película, a pesar de su enfoque didáctico, puede resultar excluyente incluso para algunos cinéfilos. Su guion es tan rígido que no permite momentos de respiro, considerando que todo es significativo y cargado de importancia, incluso el lenguaje empleado.
Un trabajo que se sustenta en una simpatía forzada, con un espíritu blando y estereotipos cansinos. Presenta un conjunto de chistes poco inspirados sobre personas ciegas y un aspecto que recuerda a un telefilme de bajo presupuesto.
Con una puesta en escena, montaje y electricidad emocional que parte de Michael Bay, Peter Berg ha añadido unas gotas del lirismo del Michael Mann más digital
Película de disposición algo arbitraria, de situaciones tan atractivas como desigualmente desarrolladas, que en modo alguno debe verse en términos de verosimilitud y sí de representación simbólica.