La película, a pesar de su enfoque didáctico, puede resultar excluyente incluso para algunos cinéfilos. Su guion es tan rígido que no permite momentos de respiro, considerando que todo es significativo y cargado de importancia, incluso el lenguaje empleado.
Un trabajo que se sustenta en una simpatía forzada, con un espíritu blando y estereotipos cansinos. Presenta un conjunto de chistes poco inspirados sobre personas ciegas y un aspecto que recuerda a un telefilme de bajo presupuesto.
Con una puesta en escena, montaje y electricidad emocional que parte de Michael Bay, Peter Berg ha añadido unas gotas del lirismo del Michael Mann más digital
Película de disposición algo arbitraria, de situaciones tan atractivas como desigualmente desarrolladas, que en modo alguno debe verse en términos de verosimilitud y sí de representación simbólica.
¿Esto es poesía de la masacre? ¿Simbolismo macabro? ¿Sensacionalismo? Será el espectador el que decida. No es mentira, pero su efectividad social es más que dudosa, y la cinematográfica, menos aún.
De factura impecable, juega a romper con todos los géneros. Todo se desmorona sin que suene paródico, desintegrando el hilo conductor emocional y dejando al espectador asombrado ante un trabajo aún más arriesgado que su protagonista.
Es un dislate de cabo a rabo. El guion es una locura tan absurdamente divertida que, si tuviera algo de gracia, podría considerarse un clásico del camp. Sin embargo, esta extraña mezcla de catequismo y lujuria resulta realmente insoportable.
Formidable. Una obra que explora el cuerpo, desde una perspectiva visceral. La narrativa tiene un fuerte componente social, pero lo que realmente destaca es su aspecto visual. Víctor Polster ofrece una actuación que deja una huella imborrable.
Película de encargo de Soderbergh, es la clara muestra de que al director no le importa la calidad del material; su enfoque está puesto en la perfección técnica, que a menudo resulta fría. Sin embargo, esto no consigue transformar la esencia del material original ni elevar el nivel de calidad en un relato que carece de profundidad.
Apela a las emociones, pero casi nunca llega a encontrarlas. Cuando se intenta sumar todo el tiempo con aportaciones de autor, pero éstas no añaden valores, se termina restando.
El tránsito, no ya de puntillas sino simplemente a la carrera, por algunos de los temas más espinosos de la trama (violencia familiar y callejera, drogas, prostitución empresarial...) deja bien claras las intenciones del filme.
Durante la primera hora de metraje hay algunos desequilibrios que afectan el ritmo de la película. Sin embargo, el segundo acto es notablemente superior y logran levantar la historia.
De aspecto convencional y puesta en escena que no pasa de lo académico, se acerca a los inmortales mitos de las sectas, las supersticiones y las reliquias.
A 'Infiltrados en la universidad' se logran algunas risas, pero sin llegar a impresionarnos. Sin embargo, le falta un elemento crucial en ciertos momentos: la dosificación del tiempo de los chistes.
Un gamberrismo de talla mediana tirando a grande que encantará a los que ahora están en el instituto y que traerá buenos recuerdos a los que luchaban contra el acné en los ochenta
Estupenda comedia sobre la revolución francesa de las finanzas. Que una historia tan especializada pueda ser simpática, divertida y emocionante es mérito de los diálogos y la complicidad en la puesta en escena.
Sólida película. Tiene en la mesura de la propuesta emocional sus mejores argumentos. El otro punto álgido de la película radica sin duda en las secuencias de buceo en la cueva inundada, rodadas por Howard con loable clasicismo.