Lady Di del siglo XVIII. No sobresale ni para bien ni para mal de la habitual producción británica de época, impecable en cuanto a factura técnica y ambientación, pero desequilibrada y un tanto fría en la narración.
El guión logra destacarse gracias a los ingeniosos guiños metalingüísticos y a la adecuada evolución emocional entre Lorca y Dalí. Sin embargo, falla en el aspecto técnico.
La actuación de Michel Bouquet es impresionante y hay momentos de gran belleza. Sin embargo, la película no resulta visualmente atractiva. El cine político no tiene que ser necesariamente tan seco.
Perjudicada la esquina vital del cantaor referida a su toxicomanía por algunas prohibiciones de los herederos. La rabia, pasión y talento que ha impuesto Óscar Jaenada exceden la pura imitación, la cual es perfecta, y se afianzan en una auténtica creación.
El tono se reblandece demasiado, sobre todo en la secuencia final. Eso sí, en la dirección, apoyado en la preciosa fotografía de Eduardo Serra, Spacey demuestra buen gusto y las numerosas escenas de conciertos están filmadas con elegancia.
Los guionistas y directores del evento fracasan en la traslación de una historia de pinta apasionante. No va más allá de un convencional telefilme, con alguna escena directamente paupérrima.
Ni empacha ni repite. Con una puesta en escena sencilla, que no simple, perfecta en ritmo. Además, sorprende por la figura del presidente de la República propuesto.
Bauer sigue la senda establecida por el mito. La hagiografía se conforma nuevamente y el relato transita rápidamente por sus aspectos más controvertidos.
Pocos defectos pueden señalarse, a excepción de su obviedad. Sin embargo, carece por completo de originalidad. No hay un solo giro dramático que se aleje del sendero más predecible.
Espolvorea la poesía de Thomas a través de relatos en off que otorgan a la película un aire lírico que, sin embargo, no acaba de encontrar en su representación. Maybury (...) nunca acaba de resultar cercano por sus empecinamientos formales.
Moscati, nombrado santo por Juan Pablo II, parece un personaje más interesante de lo que muestra la película. Esta versión cinematográfica de una miniserie de la RAI, que dura casi cuatro horas, tiene un aspecto formal anticuado y se presenta de manera unidireccional, centrada en la hagiografía cristiana.
La película resucita la estructura, el lenguaje, el retrato de personajes y el espíritu reprobador de la obra de Austen. (...) una especie de película-fotocopia de gran eficacia.
Inexcusable acontecimiento cinéfilo. El collage de secuencias final no solo ejemplifica la importancia de Querejeta, sino que también resulta absolutamente emocionante.
Con una bellísima fotografía, la película ofrece un trapecista juego narrativo que, aunque pueda parecer imaginativo en el papel del guión, no logra traducirse efectivamente en la pantalla.
Davis intenta ofrecer un toque de autoría personal que no logra transmitir. Sin embargo, cuando se enfoca en narrar las relaciones entre sus personajes, la película encuentra su camino.