Inspirada en los clásicos relatos de terror de los parques de atracciones, 'La mansión encantada' ofrece un lujoso entretenimiento dirigido exclusivamente a los niños, donde la propuesta principal es lograr diversión a través de asustos sorprendentes.
Soberbia Frances McDormand. La inmensa belleza de la película surge de la sutileza de los pequeños gestos. Es casi un wéstern existencial, un drama rebelde e inquieto, y al mismo tiempo, una obra hermosa y desgarradora.
Una película experimental apasionante, abierta a múltiples interpretaciones, que puede disfrutarse (y sufrirse) como alegoría comunitaria y como rendición individual.
Comedia generacional con variados guiños musicales y cinematográficos, que se siente mejor elaborada en su escritura que en su dirección, careciendo de ritmo y energía por parte de Alethea Jones.
Cómica y trascendente, compleja, entretenida y solo puntualmente maniquea y gruesa, es una película que invita a la reflexión y, al mismo tiempo, logra entretener a las mayorías.
'Florence Foster Jenkins' se sostiene gracias a su impactante casting, que contrasta la excelencia de Meryl Streep con el talento limitado de Jenkins. Hugh Grant ofrece una interpretación sutil y rica en matices, aportando un profundo patetismo a su personaje, St Clair Bayfield.
Con cierta apariencia de comedia negra pero tratamiento blanco, el guion añade también una meritoria cuota de actualidad. La fórmula ya huele. Y, sin embargo, sigue oliendo más que aceptablemente.
Una historia escueta que tiene el mérito de no retroceder en sus pretensiones. Apunta y, al final, dispara. Sin embargo, durante su desarrollo, los personajes femeninos no logran representar adecuadamente el estado moral y social.
Hay energía, gusto, rabia, misterio. Hay un director que provoca sensaciones. 'Green Room' no logra mantener el nivel alto durante toda su duración, ya que sin respiro no se puede alcanzar un clímax; aquí, sin embargo, todo se transforma en clímax.
Melodrama con toques de comedia. A veces, incluso algo extemporánea, como en los instantes de slapstick, definitivamente fuera de onda a pesar de la simpatía general del conjunto.
A pesar de su enfoque intelectual, Baumbach se desenvuelve en la construcción de la historia con la simplicidad cotidiana de la nouvelle vague, fusionando esta estética con la energía de una comedia romántica juvenil.
Entre el sentido común y la idiotez contemporánea, la película, presentada con simplicidad y autenticidad por Loncraine, se destaca por un elemento invaluable: el poder de las miradas.
De potente estilo visual y valioso diseño de producción, esta película comienza casi como una de terror juvenil de metraje encontrado y culmina con ecos evidentes de clásicos modernos de la ciencia-ficción.