La película presenta una puesta en escena que resulta incluso más tosca que plana, con momentos de estrambote que en ciertas secuencias rozan el ridículo.
Armada de un rancio costumbrismo y de un lamentable toque social, filmada con más velocidad que ritmo, y a pesar de todo interpretada con cierta convicción un -equivocado- canto a la nueva condición del homosexual en España
Se deleita en las obsesivas preparaciones de los supuestos manjares, pero rara vez profundiza en las tramas paralelas que la rodean, como la corrupción carcelaria o el neoesclavismo laboral.
Una película que se siente más elaborada que la primera, presenta momentos embarazosos pero con una producción bien cuidada. El guion combina de manera efectiva, para bien y para mal, los dos grandes referentes cómicos de la juventud española.
A pesar de tener momentos destacados de humor, especialmente en diálogos que parecen estar fuera de lugar y que son más bien digresiones, la obra no logra convencer del todo debido a la falta de sustancia en su totalidad.
Comedia llena de discursos feministas y una gran galería de personajes que, lamentablemente, hacen que la película se acerque demasiado a la astracanada.
La película nunca logra consolidarse en lo que se busca: un tótum revolútum que abarca tanto el universo de Sam Raimi como el cine juvenil de Hollywood. Además, el guión parece estar por encima de una puesta en escena bastante rudimentaria.
Una fascinante historia que se presenta como un melodrama barroco y oscuro, con toques de humor negro. Destaca por su diálogos notables y un matiz trascendente.
Una hora con la sencilla solemnidad de Jonás Trueba es escueta, elevada en sus conversaciones y en sus pretensiones, rotunda, hermosa, libre y personal. Al mismo tiempo, resulta muy sencilla en su estructura.
Una tragicomedia que se adentra en lo más profundo desde la primera secuencia hasta la última, sin dejar espacio para la indiferencia. Es perfecta en cada aspecto artístico: hermosa, divertida, inquietante, absurda, festiva y, a la vez, aterradora y alegre. Refleja la vida en toda su complejidad. Candela Peña ofrece una actuación espectacular.
Arranca de un modo fenomenal, ya que contiene suficientes atractivos, casi siempre relacionados con su difícil ambigüedad tonal. Sin embargo, en la segunda mitad, la película decae notablemente.
Consciente de que en la complejidad y la trascendencia puede estar el distanciamiento de su espíritu popular, Bruno prefiere el encontronazo grueso y la diatriba gritona a la finura cómica y al argumento elaborado, que solo aparece en puntuales réplicas de calidad.
Implacable, demoledora y perfecta película. Una obra destacada e inspiradora, compleja y al mismo tiempo apasionante, que reafirma la maestría del director.
Mitre ofrece una magistral disección de la política y de la responsabilidad que asume una persona en un puesto de mando, mostrando el macropoder a través de una historia de micropoder. Esta es una película magnífica.
Ni la puesta en escena ni un guión en el que todo cabe, desde la ausencia de planteamiento moral hasta el más rancio de los chistes, ayudan a que la película adquiera la condición que ambiciona.
Las batallas y la conquista de cada curva del río poseen una energía vibrante, evocando el mejor cine de aventuras. Sin embargo, el desarrollo del drama se inclina en exceso hacia un culebrón histórico poco convincente.