Un policiaco clásico, elaborado y sorprendente en varios momentos. Su fortaleza radica en lo inesperado, aunque adolece de la incapacidad para resistir un análisis detallado de sus elementos al concluir la película.
No es solo una comedia muy entretenida; también demuestra que es posible crear una película popular con actitudes identificables que no sea vulgar ni profundamente conservadora, sino que actúe de manera crítica.
Técnicamente cuestionable y con una producción deficiente, la película se encuentra en un punto intermedio. Si pretende ser una historia, resulta excesivamente extraña, pero si busca ser absurda, le falta un toque mordaz.
Soren Kragh-Jacobsen demuestra su habilidad como director, a pesar de recurrir a una estructura narrativa bastante predecible y dejando atrás los principios del Dogma 95.
Nia DaCosta utiliza el género de terror para abordar temas de activismo social, poniendo de relieve el racismo en Estados Unidos y presentando una alegoría sobre la xenofobia.
El físico afilado y la intrigante sonrisa del actor Bartosz Bielenia son fundamentales en esta película. Su actuación emocional destaca en una historia donde la culpa, el perdón y el estigma convergen, brindando una representación compleja y ambigua.
Como intérprete, Verdone muestra una faceta espontánea y accesible. Sin embargo, su labor como director parece tener un impacto limitado, centrándose mayormente en el ámbito local del cine italiano, dirigido a un público italiano.
Lo que podría haber sido una película redonda, se convierte en una interesante crónica de una amistad en la primera mitad. Sin embargo, la narración de un escarmiento se presenta de manera tan errónea que cuestiona la calidad de la obra en su conjunto.
Burla de Enron. La primera mitad es bastante aceptable. Sin embargo, cuando el matrimonio de Dick y Jane empieza a delinquir, la calidad de la película decae notablemente.
El cine de Bay es inconfundible. Una explosión de caos llena de efectos visuales vibrantes. Con tres personajes carismáticos, la película logra cumplir perfectamente con lo que se propone.
Sacrilegio contra una obra maestra. La actualización se siente superficial, centrada en incluir más desnudos y erotismo, sin aportar profundidad a la trama ni a los personajes.
Esto no es un remake, sino una reinterpretación que incluye varios cambios internos. El tono es menos oscuro, más violento y, de algún modo, más realista. Podría atraer a quienes disfrutan de lo explícito.
Más cerca del tópico que del realismo, esta película parece enfocarse más en ser una guía turística para promocionar el recorrido en EE. UU. que en ofrecer una narrativa cinematográfica con un enfoque moral.
Un trabajo que, a pesar de su puesta en escena y de que el encaje final de las historias resulta algo forzado, consigue atrapar por la naturalidad, la cercanía, la carnalidad y la ternura con las que se desenvuelve Deneuve.
En la sutileza de su representación, con 'Fresas salvajes', de Ingmar Bergman, como referente estilístico, reside lo mejor de una historia tan digna como pequeña.