Algo tan fresco como trascendente. Como suele ocurrir en Payne, en su puesta en escena se mezcla la naturalidad casi de documental con algunas imágenes impactantes. Su escritura siempre es afilada, tanto por su humor como por su amor.
Irregular pero interesante. Cuando la comedia negra, que aparece en la mayoría de las situaciones, no se impone a través de actuaciones exageradas o chistes poco sutiles, la película logra sus mejores momentos.
De ritmo moroso y reiterativo, la película parece un intento menor de aquellas cintas que presentaban a un niño en un contexto histórico, que solían ser candidatas al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Sin embargo, hay ciertos detalles que perduran en la memoria.
Comedia de sentimientos. Se trata de una película pequeña que busca tocar la fibra sensible del espectador y, sin duda, no debería pasar desapercibida.
El punto de partida es indudablemente maquiavélico, y lo más arriesgado es que se presenta en un tono de comedia negra. Sin embargo, la película se desvanece demasiado pronto.
La siempre complicada comedia física sale a flote gracias a la puesta en escena y el montaje de Sánchez. Sin embargo, ni las interpretaciones, que son todas exageradas, ni el mensaje social, que se pierde en el núcleo de la trama, terminan de convencer.
Es un retrato coral sobre el desprecio privado y público tan descarnado como jocoso, interpretado por un magnífico grupo de cómicos, escrita con precisión, sencillez y negrísimo sentido del humor.
Una película primorosamente escrita alrededor de asuntos intemporales. Con unos diálogos muy creíbles, un exquisito gusto por la réplica afilada y trascendente, y una realización muy elegante.
Se ve con cierto agrado. Llamativa galería de secundarios, sin embargo el desenlace no resulta creíble y no se alinea con lo narrado ni con el espíritu gamberro que había guiado la película.
Se percibe un cierto amateurismo, como el de una primera película hecha con escasos recursos. Hay una sensación de apresuramiento y falta de atención al detalle, así como una escasa autocrítica.
La película es apta para todos los públicos, pero presenta una irregularidad notable que disminuye considerablemente sus méritos. Además, no se ha aprovechado la oportunidad de explorar la comicidad que surge del contraste político entre las dos Américas.
Curioso, desigual, simpático y algo ingenuo filme destaca sobre todo por una laboriosa estructura basada en continuos saltos. A pesar de algunos momentos de duda, todo acaba encajando de manera perfecta.
Con una gratificante sinceridad, personaje y artista llegan a confundirse en una obra de una embaucadora sencillez. (...) la película está dotada de una extraña magia que permite que no se derrumbe a pesar de los enormes riesgos que toma su artífice en la narración.
Se inicia con una serie de bromas sobre la complicada situación creativa, lo que establece un tono que se mantiene a lo largo de la película. La primera mitad es muy entretenida, mientras que la segunda parte resulta bastante más seria y desigual.
Polanski lleva a cabo una de las debacles más sorprendentes de su carrera cinematográfica. Resulta difícil de comprender cómo, a los 90 años, decidió involucrarse en una complicada producción que se extendió a lo largo de 17 semanas.