Los temas que aborda la obra surgen de manera fluida, sin que los giros sean evidentes. Esto es una clara señal del talento de un gran autor. Se logra un equilibrio perfecto entre la profunda trascendencia y la normalidad cotidiana, combinando hábilmente drama y comedia.
Una historia que sí hemos visto mil veces y que no acaba de enlazar bien con el mucho más atractivo planteamiento. Lastrada también por una estética new age algo gastada, la película deja sensación de corto alargado.
Es, quizá, algo más plana de lo debido en su puesta en escena, pero sus criaturas, paradójicamente cercanas e insólitas a un tiempo, nos devuelven el aroma de aquel cine de los setenta.
Más que el thriller en sí, lo que interesa a Kranik son sus personajes y el retrato de un microcosmos rural. 'Winter's Bone' es difícil de digerir, pero cautivadora.
Fotocopia al cuadrado. Relamida cuando pretende ponerse romántica y sólo admisible cuando es la presencia interpretativa de su buen reparto el que comanda la acción.
Irritable amargura. No hay presentación de personajes. Los encuadres carecen de elegancia. Resulta complicado sumergirse en la trama, aunque acaba mucho mejor de lo que inicia.
De potente estilo visual y valioso diseño de producción, esta película comienza casi como una de terror juvenil de metraje encontrado y culmina con ecos evidentes de clásicos modernos de la ciencia-ficción.
Esta película cuenta con dos virtudes fundamentales que la hacen irresistible: una escritura sutil y sensible, capaz de ser ligera y trascendental al mismo tiempo, así como un trabajo interpretativo excepcional.
Un trabajo extraño, más insensato que disparatado, lo que podría haberle dado más encanto. Tiene algunos momentos de gracia cómplice, pero en general resulta bastante vacío.
Si el espectador busca entretenimiento y simpatía, con un punto de exotismo, la película es agradablemente efectiva. Sin embargo, si lo que busca es una reflexión trascendente sobre un país, Jordania, y una zona, Oriente Medio, el resultado es melifluo y superficial.
Una potentísima historia de mafias contemporáneas, puesta en imágenes con la lírica habitual del director, película asentada en dos patas narrativas que convergen a la perfección.
Extraordinaria primera película de Sean Durkin, con una puesta en escena cuidadosamente elaborada en su sencillez, donde la composición de cada plano se presenta como un verdadero prodigio.
La película resulta monótona e insustancial, a pesar de abordar temas relevantes. Se distancia del realismo y de una narrativa lógica. Todo esto se combina con una puesta en escena poco atractiva y, en resumen, crea un universo que resulta incomprensible.
A pesar de la destacada actuación de Hugh Laurie y Catherine Keener, la película se esfuerza por ser provocadora, pero en realidad resulta ser bastante convencional como muchas otras.
El único problema de la película es que la insustancialidad de su director genera en ciertos momentos una impresión de telefilme olvidable. Sin embargo, esta sensación se disipa gracias a la fuerza de un reparto excepcional.
Medianamente excéntrica, pero no demasiado; divertida, pero no demasiado; bonita, pero no demasiado. Esta película de 2011 se suma al modelo que anteriormente representaron, entre otras, las excelentes 'Beautiful girls', 'Persiguiendo a Amy' o 'Garden State'. Aunque, eso sí, se siente algo inferior.
Temas que, al presentarse de manera exagerada y dramática, desembocan en un delirio que se aleja de cualquier análisis posible, aunque esté revestido de una producción impecable.
El desarrollo es, a un tiempo, despiadado y sutil, desasosegante y cómico. Es una película durísima, cuando en la superficie no parece tener la más mínima intención de serlo.