Cómo puede tener una primera mitad tan interesante, bien trazada y narrada, y una segunda parte tan académica, ñoña, caprichosa y desviada de lo que se ha ido formulando en la mitad inicial.
Cálida pese a su contenido dramático, de sorna inteligente, de comicidad triste, tiene un tono de coherencia absoluta con lo que está relatando. Transpira una rara melancolía que sabe enervar y tranquilizar en sus dosis adecuadas.
Es la vida misma. El director brasileño lo captura con naturalidad y buen gusto, presentando un universo de gran trascendencia, pero expuesto con franqueza y simplicidad.
[Trueba] le hace una peineta a la sociedad con su calma y su sonrisa habitual. Sosegada y sencilla, profunda y crítica, 'Casi 40' provocará la introspección del espectador, del que está pasando por esa edad, del que pasó y del que pasará.
Se resiente, sin embargo, de la irregularidad de sus microhistorias personales. Aunque, finalmente, lo esencial es que, entre la ternura y la acidez, opta por el bando del agrado, de la suavidad, de la simpatía y del costumbrismo del pueblo.
La caída profesional de Lasse Hallström parece interminable. Se presenta como una versión para adultos de '101 dálmatas', pero en realidad es un 'Mira quién habla' con perros. Hallström ha llegado a su punto más bajo.
La premisa es brillante, pero su desarrollo presenta desigualdades y una falta de consistencia en el tono, que resulta demasiado empalagoso. Es una película que, aunque no es inútil, no logra alcanzar su potencial completo.
Aún puede haber algo peor que una comedia sin gracia: una película que aspire a retratar una situación social, pero que en realidad sea más antigua que la tos.
Insoportable visión sobre la familia, el amor y la muerte, la decadencia y el ardor, de incomprensible intensidad sentimental y vocal, espantoso hilo conductor y hortera sentido artístico.
Desvergüenza narrativa. Estamos ante la más espectacular de las desfachateces sobre la esencia en el dibujo de personajes. Cada una de las secuencias de ese eje central, casi una hora, empeora a la anterior.
Agradable, escueta y con un excelente elenco de personajes secundarios, la cinta demuestra sensibilidad y un entendimiento profundo de las dificultades cotidianas del ser humano. Sin embargo, su narrativa se siente algo abrupta.
El texto presenta una gran cantidad de verborrea innecesaria, lo que podría considerarse uno de los aspectos más negativos de la película. Sin embargo, destaca un intérprete excepcional que casi logra sostener la totalidad del guion: Eduard Fernández.
Película blanca, convencional y agradable, pero carece de audacia. Se destaca principalmente por su elenco, aunque Hoffman no logra captar la poética visual que pretendía.
Si alguien quiere entender por qué practicar la comedia negra es tan complicado, que vea '¿Y ahora adónde vamos?'. Encontrará un claro ejemplo de lo que no se debe hacer.
Algo tan fresco como trascendente. Como suele ocurrir en Payne, en su puesta en escena se mezcla la naturalidad casi de documental con algunas imágenes impactantes. Su escritura siempre es afilada, tanto por su humor como por su amor.