Un aplauso para la imprudencia y el coraje en tiempos de academicismo ramplón. Es una película insólita. (...) es un seductor perro verde dentro del cine español (...) es estupenda, y lógicamente absurda.
Guiñolesco divertimento con aires de comedia negra, al que le falta crueldad para ser verdaderamente oscura cuando no es más que gris clara, pero que va sobrado de efervescencia y de exquisita falta de pretensiones (...) desde su forzadísima premisa.
El tono entre la comedia negra y el drama social no acaba de cuajar en su primera mitad, pero en el último tercio la película se eleva por dos distinguidos motivos, uno narrativo y otro formal. (...) Y un par de brillantes instantes musicales.
Una comedia sobre la corrupción con magníficos matices oscuros, en la que brilla el actor protagonista con una interpretación deslumbrante. Un debut realmente prometedor.
La secuencia de arranque ya hace saltar las alarmas, presentando un texto carente de chispa y calidad. La película se constituye como una comedia negra de enredos que, desafortunadamente, rara vez logra encontrar su tono.
Iñárritu ofrece un giro impresionante en su carrera. La película se presenta como inabarcable e inmensa, con múltiples capas narrativas, subtextos y radicalismos formales. Es una obra de arte emocionante y libre.
Es la viva demostración de que con cuatro duros se pueden hacer cosas importantes. Una película concebida desde las entrañas, que cautiva por la autenticidad de sus diálogos y por su capacidad de transmitir emociones.
En esta segunda entrega, se han desvanecido algunas de las grandes virtudes de la primera, pero aún así resulta efectiva en su conjunto. Aunque el nuevo director exhibe un notable dominio en las escenas de acción, se siente la falta de Matthew Vaughn.
Empieza siendo un notable, divertido y gamberro ejercicio de reciclaje de situaciones en versión cafre, para acabar resultando un filme de enmascarados justicieros al uso, hiperviolento y de factura técnica impecable.
Desde su eslogan promocional apela a la comedia, pero la mezcla de géneros nunca acaba de conformarse por culpa de un constante desequilibrio formal. Se queda en terreno de nadie.
A pesar de algún esporádico acierto cómico y de un planteamiento con posibilidades, la película es una deplorable alegoría del universo pijo, plagada de banalidades y subrayados.
La excelente música de Clint Mansell y el ágil montaje otorgan brillantez a la forma de su filme. En cambio, el fondo, todas y cada una de las historias cruzadas, son tan nimias, con tan poca enjundia, que por mucha atracción que se ejerza nunca terminan de enganchar.