El texto presenta una gran cantidad de verborrea innecesaria, lo que podría considerarse uno de los aspectos más negativos de la película. Sin embargo, destaca un intérprete excepcional que casi logra sostener la totalidad del guion: Eduard Fernández.
Película blanca, convencional y agradable, pero carece de audacia. Se destaca principalmente por su elenco, aunque Hoffman no logra captar la poética visual que pretendía.
Algo tan fresco como trascendente. Como suele ocurrir en Payne, en su puesta en escena se mezcla la naturalidad casi de documental con algunas imágenes impactantes. Su escritura siempre es afilada, tanto por su humor como por su amor.
Irregular pero interesante. Cuando la comedia negra, que aparece en la mayoría de las situaciones, no se impone a través de actuaciones exageradas o chistes poco sutiles, la película logra sus mejores momentos.
De atractivo planteamiento y desarrollo fracasado, que va perdiendo su inicial complicidad conforme la melaza y el trazo grueso se apoderan de su tono.
Carcajadas políticas. Mihaileanu está al tanto de lo que sucede en la actualidad y también de lo que ocurrió en el pasado; critica tanto el presente como el pasado. La comedia, al final, se impone sobre los pequeños baches emocionales.
Una puesta en escena elegantísima y un conglomerado de elecciones técnicas que encajan de forma ideal con una historia apasionante, cargada de enjundia dentro de su aparente ligereza de fábula.
Melodrama pasajero o agradable para los que se queden en la superficie, y cochambroso para los que profundicen en la nefasta construcción de la historia.
De ritmo moroso y reiterativo, la película parece un intento menor de aquellas cintas que presentaban a un niño en un contexto histórico, que solían ser candidatas al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Sin embargo, hay ciertos detalles que perduran en la memoria.
Comedia con un toque dramático, donde el espectador encuentra entretenimiento, un poco de romance y un toque de chispa. Sin embargo, todo parece seguir un patrón rígido y calculado.
Es un retrato coral sobre el desprecio privado y público tan descarnado como jocoso, interpretado por un magnífico grupo de cómicos, escrita con precisión, sencillez y negrísimo sentido del humor.
Una película primorosamente escrita alrededor de asuntos intemporales. Con unos diálogos muy creíbles, un exquisito gusto por la réplica afilada y trascendente, y una realización muy elegante.
Se ve con cierto agrado. Llamativa galería de secundarios, sin embargo el desenlace no resulta creíble y no se alinea con lo narrado ni con el espíritu gamberro que había guiado la película.
Se percibe un cierto amateurismo, como el de una primera película hecha con escasos recursos. Hay una sensación de apresuramiento y falta de atención al detalle, así como una escasa autocrítica.
La película es apta para todos los públicos, pero presenta una irregularidad notable que disminuye considerablemente sus méritos. Además, no se ha aprovechado la oportunidad de explorar la comicidad que surge del contraste político entre las dos Américas.