Es la viva demostración de que con cuatro duros se pueden hacer cosas importantes. Una película concebida desde las entrañas, que cautiva por la autenticidad de sus diálogos y por su capacidad de transmitir emociones.
En esta segunda entrega, se han desvanecido algunas de las grandes virtudes de la primera, pero aún así resulta efectiva en su conjunto. Aunque el nuevo director exhibe un notable dominio en las escenas de acción, se siente la falta de Matthew Vaughn.
Una suerte de comedia negra, con pleno dominio de la sorna y el absurdo, que en algunos momentos no está demasiado lejos del humor de Luis G. Berlanga.
Funciona conforme más estrambóticas son sus secuencias. En cambio, se derrumba por debajo: es en las escenas más trágicas cuando se rompe el tono y el filme cae en charcos nada perdonables.
La excelente música de Clint Mansell y el ágil montaje otorgan brillantez a la forma de su filme. En cambio, el fondo, todas y cada una de las historias cruzadas, son tan nimias, con tan poca enjundia, que por mucha atracción que se ejerza nunca terminan de enganchar.
Tiene ritmo, energía y algunas buenas ideas, junto a otras bastante penosas y hasta peligrosas. (...) un primer acto excelente ambientado en una colonia minera (...) se va empequeñeciendo conforme avanza.
Una buena película que apoya a los marginados sociales. Sin embargo, pierde un poco de equilibrio en la segunda mitad, cuando la narrativa se transforma en un grandilocuente discurso mesiánico con ambiciones líricas que se vuelve algo agotador.
'Black Panther' presentaba deficiencias estéticas y una narrativa pesada y pretenciosa. Lo mismo se puede decir de su secuela, donde el entretenimiento se ve eclipsado por las ideas y reivindicaciones que predominan en la trama.
Primer tercio sorprendente, un espectáculo brillante con críticas mordaces. No obstante, resulta ser solo un espejismo. Cuando llega la batalla contra el mal, se vuelve predecible, repetitivo, cansino y ya lo hemos visto mil veces.
Un cómic que se siente estancado, formando parte de esos proyectos de presupuesto limitado que ya se han vuelto comunes cuando se trata de adaptar historietas a la pantalla.
Tarda en comenzar, pero una vez que lo hace, alcanza un nivel notable. La disparidad de las situaciones es persistente en un proyecto tan ambicioso como complicado de consolidar, y la falta de química entre Nieto y Noa Álvarez no beneficia su rendimiento.
La maestría de Schrader al seleccionar una tragedia reciente de nuestro tiempo y ambientarla en contextos insólitos es inigualable. Su enfoque es realmente notable.
Demasiado tediosa aunque con parte de lo mejor de la interpretación francesa actual al frente del reparto, la película se esfuerza por ser instructiva, pero nunca acaba de aglutinar la lección y la emoción.
Una Zendaya arrolladora en una melodramática volea fallida por un guion de escritor júnior. La película no da la talla ni como romance serio de triángulo amoroso ni como drama deportivo sobre las dificultades en el olimpo del triunfo.
Interesante en su planteamiento, se queda apenas en nada. Tan parca que parece estar saboteándose a sí misma a través de un exceso de control de sus elementos cinematográficos. Le ayuda, eso sí, un reparto con carisma.
En la puesta en escena, Macías ofrece una lección de elegancia y pudor, sin perder el contacto con las desgracias. (...) una historia demoledora, con la que resulta inevitable el sobrecogimiento y en la que destacan sus tres magníficas debutantes.