Una historia que sí hemos visto mil veces y que no acaba de enlazar bien con el mucho más atractivo planteamiento. Lastrada también por una estética new age algo gastada, la película deja sensación de corto alargado.
Es, quizá, algo más plana de lo debido en su puesta en escena, pero sus criaturas, paradójicamente cercanas e insólitas a un tiempo, nos devuelven el aroma de aquel cine de los setenta.
Fotocopia al cuadrado. Relamida cuando pretende ponerse romántica y sólo admisible cuando es la presencia interpretativa de su buen reparto el que comanda la acción.
Una obra maestra. Melancólica, excéntrica, tierna y divertida, a la vez que inquietante. Es una película sobre el regreso al hogar que logra conmover, entretener y sorprender al público.
Sonrisas de hielo. Un golpe seco que logra hacer reír a partir de situaciones que, en un principio, parecen carecer de gracia, para luego congelar la diversión con un sentido de la perversión implacable.
Esta producción de David Lynch se aproxima más a la pedantería que al verdadero entretenimiento. La única parte destacable es la hermosa canción de Spacehog que acompaña los títulos de crédito finales.
Después de las magníficas "Trust" y "Simple Men", Hartley continúa explorando su surrealismo independiente, aunque presenta una ligera disminución en la calidad con este excéntrico cruce de diversas personalidades.
Entretenido ‘thriller’ de cocina, esta película ofrece una experiencia casi teatral que resulta inquietante, provocativa, cómica, cruel y macabra. Aunque carece de una profundidad notable, su efervescencia y el guion imaginativo mantienen el interés del espectador.
La película presenta una puesta en escena que resulta incluso más tosca que plana, con momentos de estrambote que en ciertas secuencias rozan el ridículo.
Las interpretaciones, junto con la actuación de Adèle Exarchopoulos, consolidan esta película como uno de los mayores exponentes de lo que el cine puede lograr en términos de estimulación y promoción de un sistema público de calidad.
Una franquicia que ya no vive. En esta segunda entrega, todo resulta inferior. Las escenas de acción y su mezcla de sangre y vísceras carecen de la frescura que tenían anteriormente. Además, los nuevos personajes no aportan nada interesante.
La película se presenta como una efectiva broma que fusiona la interdisciplinariedad y el sampleado, así como la mezcla entre alta cultura y cultura popular.
La película nunca logra consolidarse en lo que se busca: un tótum revolútum que abarca tanto el universo de Sam Raimi como el cine juvenil de Hollywood. Además, el guión parece estar por encima de una puesta en escena bastante rudimentaria.
Una fascinante historia que se presenta como un melodrama barroco y oscuro, con toques de humor negro. Destaca por su diálogos notables y un matiz trascendente.
Una hora con la sencilla solemnidad de Jonás Trueba es escueta, elevada en sus conversaciones y en sus pretensiones, rotunda, hermosa, libre y personal. Al mismo tiempo, resulta muy sencilla en su estructura.