Es un retrato coral sobre el desprecio privado y público tan descarnado como jocoso, interpretado por un magnífico grupo de cómicos, escrita con precisión, sencillez y negrísimo sentido del humor.
Una película primorosamente escrita alrededor de asuntos intemporales. Con unos diálogos muy creíbles, un exquisito gusto por la réplica afilada y trascendente, y una realización muy elegante.
Se percibe un cierto amateurismo, como el de una primera película hecha con escasos recursos. Hay una sensación de apresuramiento y falta de atención al detalle, así como una escasa autocrítica.
La película es apta para todos los públicos, pero presenta una irregularidad notable que disminuye considerablemente sus méritos. Además, no se ha aprovechado la oportunidad de explorar la comicidad que surge del contraste político entre las dos Américas.
Comedia de sentimientos. Se trata de una película pequeña que busca tocar la fibra sensible del espectador y, sin duda, no debería pasar desapercibida.
Una película con ambiciones de ser popular, buscando llegar a un amplio público mediante situaciones y diálogos con los que el espectador pueda identificarse. Se presenta como una comedia en blanco y negro, y quizás por ello, resulta desigual.
Pese a su colorismo y a su estupenda producción, las viñetas de Javier Fesser, sobre todo la primera, discretísima, parecen descartes creativos de sus primeros tiempos en el corto.
Un aplauso para la imprudencia y el coraje en tiempos de academicismo ramplón. Es una película insólita. (...) es un seductor perro verde dentro del cine español (...) es estupenda, y lógicamente absurda.
El tono entre la comedia negra y el drama social no acaba de cuajar en su primera mitad, pero en el último tercio la película se eleva por dos distinguidos motivos, uno narrativo y otro formal. (...) Y un par de brillantes instantes musicales.
El deseo y la fusión de épocas se entrelazan en esta película fascinante. Su complejidad atrae, pero, debido a su dificultad, podría considerarse más hermosa al ser apreciada en fragmentos que como un todo.
Hermana menor de 'Muertos de risa' (1999), esta obra se presenta como más astuta y traviesa. Es posible que, al igual que la realidad que refleja, sea más popular que subversiva, algo que no deja de ser una elección válida.
Es la viva demostración de que con cuatro duros se pueden hacer cosas importantes. Una película concebida desde las entrañas, que cautiva por la autenticidad de sus diálogos y por su capacidad de transmitir emociones.
Un meritorio manejo de los elementos exclusivamente cinematográficos permite alcanzar la gloria de la carcajada con escasos apuntes de texto. Aunque de forma algo irregular, resulta regocijante en '9 meses... ¡de condena!'
Si solo fuera por la parte política y no se escabullera con la sal gorda, Baron Cohen hubiese compuesto una película casi notable, aunque mucho menos sangrante de lo que sus propios autores se piensan.
Empieza siendo un notable, divertido y gamberro ejercicio de reciclaje de situaciones en versión cafre, para acabar resultando un filme de enmascarados justicieros al uso, hiperviolento y de factura técnica impecable.