El que pretenda ver la película con las gafas de la verosimilitud, acabará rascándose la oreja demasiadas veces. Pero el que busque un estado de excitación, no sexual sino emocional, puede que termine encontrando la exquisita sensación de la magia del destiempo.
Parece despeñarse en su disparatado relato sobre un modisto y las herencias emocionales, pero sale bien parado gracias a un giro de guion que salta del drama al terror.
A este crítico, salvo el precioso y libérrimo flashback sobre la infancia de Nimona, ni la animación, ni el trazo de los dibujos, ni el diseño de personajes le parecen especialmente atractivos. Asunto distinto es la apasionante historia.
Krasinski vuelve a demostrar que el silencio absoluto puede ser sorprendente, manteniendo las virtudes de la película original y ofreciendo un prólogo espectacular.
La película presenta una trama mal desarrollada que dificulta la comprensión de sus objetivos fundamentales, convirtiéndose en una amalgama de trivialidades en medio de espectaculares pero vacías escenas de acción.
La película cuenta con un elenco que parece estar en una fase de descenso, como Christian Slater y Stephen Dorff. La dirección no logra captar la esencia y nos presenta una historia que no aporta nada nuevo, resultando en una experiencia inferior a lo esperado.
Una película de enorme belleza, donde José Díaz muestra eficacia a la hora de filmar y honestidad en el momento de transmitir sus sensaciones. Y con un notable equilibrio entre los textos a cámara y en off.
Qué se le ha perdido al palestino Hany Abu-Assad es otro de los misterios de un relato que no logra transmitir la desesperación vital ni las ansias de supervivencia, y aún menos el ardor romántico del amor desenfrenado en situaciones extremas.
Apasionante minuto a minuto de la vida de un superviviente, tiene el toque de las grandes tragedias, posee una gran belleza y huye de un falso ecologismo muy en boga.
Desde su llegada a París, la trama cobra vida gracias a diálogos ingeniosos, un retrato acertado de personajes secundarios y situaciones cómicas. Aunque no aporta nada innovador, resulta una experiencia agradable.
Costumbrismo moderno que invita al espectador a identificarse. La fusión de comedia y drama se destaca, gracias a las interpretaciones naturales, con Miki Esparbé brillando en su papel. Todo ello culmina en un gran homenaje al amor.
Una película de cine social europeo centrada en la reivindicación social. Sin embargo, su mensaje, aunque potente, se pierde en una narrativa que llega a hacerse tediosa.
Una película con altibajos que inicia de manera divertida y autoconsciente, ofreciendo momentos cómicos a través de sus guiños. Sin embargo, pierde fuerza en su desarrollo central, arrastrándose con una serie de explicaciones que no logran aclarar lo que debería ser un misterio intrigante.
La primera parte es un intento de película de terror. A pesar de que intenta anclarse en la realidad, su exageración la vuelve poco creíble. Aunque el tercer acto mejora la situación, llega demasiado tarde para salvar la experiencia.
Sin pretensiones, pero está bien escrita, narrada e interpretada. El final deja un regusto amargo que empaña lo que hasta ese momento era una película competente.
No es una película que revolucionará la comedia en España. Sin embargo, cuenta con un director que se preocupa no solo por provocar risas, sino también por la estética, lo que enriquece el contenido del guión.