Agilísima puesta en escena. Ol Parker logra extraer el máximo provecho de diálogos que abordan situaciones algo indiferentes. En conjunto, se trata de un producto que se sitúa un paso por encima de la media.
Cómo puede tener una primera mitad tan interesante, bien trazada y narrada, y una segunda parte tan académica, ñoña, caprichosa y desviada de lo que se ha ido formulando en la mitad inicial.
Cálida pese a su contenido dramático, de sorna inteligente, de comicidad triste, tiene un tono de coherencia absoluta con lo que está relatando. Transpira una rara melancolía que sabe enervar y tranquilizar en sus dosis adecuadas.
Una comedia interesante en su punto de partida, que, sin embargo, se queda en terreno de nadie. Le falta crueldad, por un extremo, como para llegar a convertirse en una comedia negra. Y carece también de brillo y profundidad.
Simbólico drama sobre el irresistible peso de la memoria, con evidentes ecos de la película madre en este sentido, 'Fresas salvajes', de Ingmar Bergman (...) únicamente da un importante resbalón en su desenlace.
La caída profesional de Lasse Hallström parece interminable. Se presenta como una versión para adultos de '101 dálmatas', pero en realidad es un 'Mira quién habla' con perros. Hallström ha llegado a su punto más bajo.
La premisa es brillante, pero su desarrollo presenta desigualdades y una falta de consistencia en el tono, que resulta demasiado empalagoso. Es una película que, aunque no es inútil, no logra alcanzar su potencial completo.
Atrevida película acompañada de una magnífica utilización de piezas icónicas de la música clásica, que resalta en varias ocasiones la desigualdad de algunos gags, los cuáles, a pesar de ello, logran mantener un meritorio nivel medio.
Película muy bien interpretada y narrada en la que siempre destacan sus elipsis y una excelente selección de canciones. Es una extraña comedia romántica de personajes perdidos, con los que nunca desearías cruzarte a pesar de su peculiar encanto.
Insoportable visión sobre la familia, el amor y la muerte, la decadencia y el ardor, de incomprensible intensidad sentimental y vocal, espantoso hilo conductor y hortera sentido artístico.
Desvergüenza narrativa. Estamos ante la más espectacular de las desfachateces sobre la esencia en el dibujo de personajes. Cada una de las secuencias de ese eje central, casi una hora, empeora a la anterior.
Agradable, escueta y con un excelente elenco de personajes secundarios, la cinta demuestra sensibilidad y un entendimiento profundo de las dificultades cotidianas del ser humano. Sin embargo, su narrativa se siente algo abrupta.
Una comedia familiar con toques de melodrama, formalmente cochambrosa y éticamente despreciable, de esas que buscan la lágrima fácil a costa de lo más rastrero.
La autenticidad se presenta de manera limitada, ya que recurre con frecuencia a clichés verbales. Los personajes carecen de profundidad y son meras representaciones de roles familiares que nunca logran desarrollarse por completo.
Algo tan fresco como trascendente. Como suele ocurrir en Payne, en su puesta en escena se mezcla la naturalidad casi de documental con algunas imágenes impactantes. Su escritura siempre es afilada, tanto por su humor como por su amor.
Irregular pero interesante. Cuando la comedia negra, que aparece en la mayoría de las situaciones, no se impone a través de actuaciones exageradas o chistes poco sutiles, la película logra sus mejores momentos.