Un conmovedor drama que celebra el descubrimiento del patrimonio artístico. A pesar de su modernidad y falta de aventura, presenta elementos que recuerdan a las tradicionales historias de piratas.
Un buen policiaco. Lluís Quílez ofrece una sólida dirección y un estilo visual atractivo, además de un excelente control de la tensión narrativa. La película logra destacarse aún más gracias a la calidad de su elenco.
Aunque supera promedio de thrillers actuales, especialmente en cuanto a la complejidad de las actitudes de sus personajes, hay secuencias como la pelea en el bar que, siendo tan caprichosa como incomprensible, disminuyen la grandeza de la obra.
Entretiene, inquieta por momentos y hasta puede resultar desesperante, pero pierde fuerza con un desenlace que no está a la altura de lo que fue el fascinante combate mental que predominó en la narrativa.
Es un volcán de cine y vida, pero también un volcán demasiado cerca de lo abyecto. Es mejor que ciertos sectores de la población cinéfila, como embarazadas y padres con bebés, se alejen.
La película presenta ideas brillantes con una osada originalidad y amplias oportunidades. Sin embargo, también está plagada de chistes poco ingeniosos y situaciones que rozan lo vergonzoso.
La película elige una comedia ligera en lugar de un análisis dramático-social. Presenta a un padre con un aire inquisidor, pero con un gran sentido del humor. El guión de 'Adivina quién' se destaca más en sus ingeniosos chistes verbales que en el humor visual.
Intriga dramática centrada en un locutor de radio que opera durante la noche. Aunque tiene un uso excesivo de steadycam, logra mantener el interés del espectador.
La directora ha creado una obra poderosa y profunda, utilizando metáforas sencillas pero impactantes. Su trabajo varía desde momentos documentales hasta secuencias que se acercan a la videocreación.
Técnicamente cuestionable y con una producción deficiente, la película se encuentra en un punto intermedio. Si pretende ser una historia, resulta excesivamente extraña, pero si busca ser absurda, le falta un toque mordaz.
Un trabajo tan esforzado como partidista, tan aparentemente verdadero como en el fondo truculento. El problema es que este tipo de sátiras políticas sólo convencen a los ya convencidos.
Soren Kragh-Jacobsen demuestra su habilidad como director, a pesar de recurrir a una estructura narrativa bastante predecible y dejando atrás los principios del Dogma 95.
David S. Goyer presenta un guión que, aunque tiene matices interesantes, no logra equilibrar su narrativa. Esto resulta en una adaptación de 'La semilla del mal' que se convierte en un espectáculo fallido y, a menudo, ridículo.
Pretende alejarse de los clichés y lo logra en gran medida al principio, pero cuando la acción se desata, recuerda demasiado a un slasher de mala calidad.