Una comedia romántica clásica, que presenta diálogos destacados y situaciones que oscilan entre lo cotidiano y lo absurdo, todo ello con un toque de ternura. Alexandra Jiménez y Hugo Silva, acompañados por Coque Malla, ofrecen actuaciones sobresalientes.
Tiene ritmo, energía y algunas buenas ideas, junto a otras bastante penosas y hasta peligrosas. (...) un primer acto excelente ambientado en una colonia minera (...) se va empequeñeciendo conforme avanza.
La película es irresistible y poderosa en sus conflictos, además de tener un contenido valioso. Se relaciona claramente con 'La habitación del hijo' (2001).
Un aplauso para la imprudencia y el coraje en tiempos de academicismo ramplón. Es una película insólita. (...) es un seductor perro verde dentro del cine español (...) es estupenda, y lógicamente absurda.
El tono entre la comedia negra y el drama social no acaba de cuajar en su primera mitad, pero en el último tercio la película se eleva por dos distinguidos motivos, uno narrativo y otro formal. (...) Y un par de brillantes instantes musicales.
La secuencia de arranque ya hace saltar las alarmas, presentando un texto carente de chispa y calidad. La película se constituye como una comedia negra de enredos que, desafortunadamente, rara vez logra encontrar su tono.
Es la viva demostración de que con cuatro duros se pueden hacer cosas importantes. Una película concebida desde las entrañas, que cautiva por la autenticidad de sus diálogos y por su capacidad de transmitir emociones.
Apela a la crudeza de los cuentos tradicionales infantiles, pero no tiene su enjundia y sí una cargante pretenciosidad disfrazada de frescura que acaba con ella.
Un meritorio manejo de los elementos exclusivamente cinematográficos permite alcanzar la gloria de la carcajada con escasos apuntes de texto. Aunque de forma algo irregular, resulta regocijante en '9 meses... ¡de condena!'
Una suerte de comedia negra, con pleno dominio de la sorna y el absurdo, que en algunos momentos no está demasiado lejos del humor de Luis G. Berlanga.
Funciona conforme más estrambóticas son sus secuencias. En cambio, se derrumba por debajo: es en las escenas más trágicas cuando se rompe el tono y el filme cae en charcos nada perdonables.
La excelente música de Clint Mansell y el ágil montaje otorgan brillantez a la forma de su filme. En cambio, el fondo, todas y cada una de las historias cruzadas, son tan nimias, con tan poca enjundia, que por mucha atracción que se ejerza nunca terminan de enganchar.