Una película con un potente reparto y una temática intrigante, que pierde fuerza en su desenlace. Hughes alterna aciertos y errores, mostrando que no hay nada más peligroso que un director sin habilidad y una steadycam en sus manos.
Fusiona bien el drama deportivo con el thriller político, que va subiendo de tono cuando las amenazas no se producen solo contra las dos deportistas, sino también contra sus familias.
Demasiado tediosa aunque con parte de lo mejor de la interpretación francesa actual al frente del reparto, la película se esfuerza por ser instructiva, pero nunca acaba de aglutinar la lección y la emoción.
Una Zendaya arrolladora en una melodramática volea fallida por un guion de escritor júnior. La película no da la talla ni como romance serio de triángulo amoroso ni como drama deportivo sobre las dificultades en el olimpo del triunfo.
En la puesta en escena, Macías ofrece una lección de elegancia y pudor, sin perder el contacto con las desgracias. (...) una historia demoledora, con la que resulta inevitable el sobrecogimiento y en la que destacan sus tres magníficas debutantes.
Puede ser entretenida para el que no busque más que un rato de ocio pasajero en torno al policiaco y a la corrupción, gracias a una puesta en escena muy por encima de los habituales productos televisivos.
Otro thriller con sorpresa, con una calidad técnica excelente, una cinematografía contemporánea y una banda sonora envolvente. Es entretenido, cuenta con un elenco impresionante y en ciertos momentos brilla con energía.
Una comedia romántica clásica, que presenta diálogos destacados y situaciones que oscilan entre lo cotidiano y lo absurdo, todo ello con un toque de ternura. Alexandra Jiménez y Hugo Silva, acompañados por Coque Malla, ofrecen actuaciones sobresalientes.
La película es irresistible y poderosa en sus conflictos, además de tener un contenido valioso. Se relaciona claramente con 'La habitación del hijo' (2001).
Una buena película que apoya a los marginados sociales. Sin embargo, pierde un poco de equilibrio en la segunda mitad, cuando la narrativa se transforma en un grandilocuente discurso mesiánico con ambiciones líricas que se vuelve algo agotador.
Luc Besson presenta su mejor película en años; ha creado un cautivador cruce de géneros. Es una obra tan fascinante que su contenido puede ofrecer una interpretación doble, lo cual es un gran acierto.
Oppenheimer y su valentísimo compañero elaboran no solo un brutal examen de conciencias en directo, sino también una extraordinaria experiencia sensorial en torno a la desgracia que a veces supone formar parte de la raza humana.
La maestría de Schrader al seleccionar una tragedia reciente de nuestro tiempo y ambientarla en contextos insólitos es inigualable. Su enfoque es realmente notable.
La visualización de la magia y la calidad de los efectos especiales embellecen un relato en el que soñar es posible, y el hermoso epílogo eleva aún más la película.
Interesante en su planteamiento, se queda apenas en nada. Tan parca que parece estar saboteándose a sí misma a través de un exceso de control de sus elementos cinematográficos. Le ayuda, eso sí, un reparto con carisma.