No es una película que busque agradar al espectador. Es de gran calidad, aunque resulta compleja. A medida que se desarrolla, se torna en algo más abstracto que literal. Además, cuenta con una excelente actuación de Renate Reinsve.
Basil da Cunha retrata de manera convincente y con una fuerte carga emocional una Lisboa poco convencional, centrada en el lumpen, la droga, la violencia y las bandas, ofreciendo un hiperrealismo que remite al cine documental.
Un buen policiaco. Lluís Quílez ofrece una sólida dirección y un estilo visual atractivo, además de un excelente control de la tensión narrativa. La película logra destacarse aún más gracias a la calidad de su elenco.
Es una montaña rusa de sensaciones sobrecogedoras alrededor de un misterio que tiene tanto de película de asesino en serie como de futurismo de contagio y de terror de posesión diabólica.
Aunque supera promedio de thrillers actuales, especialmente en cuanto a la complejidad de las actitudes de sus personajes, hay secuencias como la pelea en el bar que, siendo tan caprichosa como incomprensible, disminuyen la grandeza de la obra.
Meritoria interpretación de Natalia de Molina. La película ofrece una intensa experiencia física. Sin embargo, la poética de la miseria en el guion y el prólogo simbólico africano no logran alcanzar el nivel del conjunto.
A pesar de que algunas imágenes son impactantes, el personaje más interesante se desaprovecha, y la película se enreda en su propia complejidad doctrinal, resultando tan confusa como un adolescente que no sabe cómo afrontar su identidad.
Con un excelente manejo del sonido, la edición y la paleta de colores, Diab presenta una obra que prioriza las experiencias sensoriales sobre el análisis dramático.
Farsa política que no siempre lleva sus ácidas propuestas hasta la notoriedad, pero que al menos está dotada de un amargo y jocoso sentido de la infidelidad, y está protagonizada por una formidable actriz.
David S. Goyer presenta un guión que, aunque tiene matices interesantes, no logra equilibrar su narrativa. Esto resulta en una adaptación de 'La semilla del mal' que se convierte en un espectáculo fallido y, a menudo, ridículo.
Pretende alejarse de los clichés y lo logra en gran medida al principio, pero cuando la acción se desata, recuerda demasiado a un slasher de mala calidad.
Apenas hay momentos para los amantes del musical tradicional, donde se expresa la emoción a través de la música y la danza, sin necesidad de justificaciones en la trama.