Un trabajo febril y, para bien y para mal, festivalero. La película es potente, difícil e imperfecta, pues la graduación de su ritmo a veces parece deliberadamente ardua.
La directora ha creado una obra poderosa y profunda, utilizando metáforas sencillas pero impactantes. Su trabajo varía desde momentos documentales hasta secuencias que se acercan a la videocreación.
Una ópera prima singular. Con delicadeza, Álvarez Mesén rodea a su niña grande y santa de elementos que aúnan lo mágico, lo espiritual y lo profundamente terrenal.
A pesar de que el último tercio resulta un tanto predecible, se destaca la autenticidad de sus ideas en temas como la defensa, la seguridad, la justicia y la comunicación. Al culminar la película, nos queda una metáfora poderosa que resuena profundamente.
David S. Goyer presenta un guión que, aunque tiene matices interesantes, no logra equilibrar su narrativa. Esto resulta en una adaptación de 'La semilla del mal' que se convierte en un espectáculo fallido y, a menudo, ridículo.
Pretende alejarse de los clichés y lo logra en gran medida al principio, pero cuando la acción se desata, recuerda demasiado a un slasher de mala calidad.
Apenas hay momentos para los amantes del musical tradicional, donde se expresa la emoción a través de la música y la danza, sin necesidad de justificaciones en la trama.
Alcanza un nivel de excelencia, siendo artísticamente impecable en todos sus aspectos: la fotografía, el vestuario y la dirección artística. Nimri brilla como Aurora y la dirección de Ortiz combina delicadeza y fuerza en cada escena.
La película elige una comedia ligera en lugar de un análisis dramático-social. Presenta a un padre con un aire inquisidor, pero con un gran sentido del humor. El guión de 'Adivina quién' se destaca más en sus ingeniosos chistes verbales que en el humor visual.
Una película que actúa como una fuerte denuncia social. Su mensaje es directo y sin sutilezas, transmitido a través de un lenguaje impactante y un discurso que puede ser percibido como cargado de resentimiento.
Es apasionante en el fondo y bellísima en la forma. De excelentes fotografía y diseño sonoro, destaca también por el tratamiento de las elipsis. Una gran película de silencios y de rostros.
Intriga dramática centrada en un locutor de radio que opera durante la noche. Aunque tiene un uso excesivo de steadycam, logra mantener el interés del espectador.
Detrás de una producción notable y actuaciones competentes, el guion resulta ser excesivamente predecible y se le puede criticar por no cerrar adecuadamente las implicaciones finales.
La autora argentina demuestra nuevamente su habilidad para retratar dramas psicológicos, integrando conceptos que parecen contradictorios, y dejando una fuerte impresión con un desenlace directo y combativo.
Los primeros 50 minutos son impresionantes. Sin embargo, cuando Christian Bale se vuelve Batman, la película pierde fuerza al transformarse en una repetición de lo ya visto. Nolan logra introducir una iconografía diferente, más fría y menos centrada en la estética.