Nunca sorprende con su desarrollo predecible de personajes. La amabilidad predomina sobre la oscuridad, y se sacrifica la reflexión. Hay más intención de agradar que de explorar las profundidades del dolor.
Llegado el último tercio, el héroe exclama: "Esto es de locos. ¡Parece que estoy protagonizando un best seller de quinta!" Esta afirmación resulta obvia y solo sirve para facilitar el trabajo al crítico.
Brešan no logra aprovechar su historia, tanto en la narrativa como en el aspecto formal, lo que hace que su interesante idea se quede estancada en el ámbito de la mera curiosidad.
Desde su impresionante apertura, la película evoca el espíritu del cine de los años 80. Sin embargo, en el clímax de la acción y la batalla marciana, la narrativa pierde impulso.
Demme, desde que 'El silencio de los corderos' transformó su carrera, muestra una ligera mejoría en su dirección. Sin embargo, aún no alcanza el nivel de paranoia que lograba Frankenheimer en sus personajes y en el impacto que estos generaban en la audiencia.
Burla de Enron. La primera mitad es bastante aceptable. Sin embargo, cuando el matrimonio de Dick y Jane empieza a delinquir, la calidad de la película decae notablemente.
Una película que puede pasar desapercibida, pero cumple su objetivo. Tiene un enfoque astuto sin ser pesado, durando solo hora y cuarto, lo que permite concentrarse en la narrativa. Aunque se basa en una imagen supuestamente aterradora, brilla más por sus diálogos.
Es apasionante en el fondo y bellísima en la forma. De excelentes fotografía y diseño sonoro, destaca también por el tratamiento de las elipsis. Una gran película de silencios y de rostros.
La autora argentina demuestra nuevamente su habilidad para retratar dramas psicológicos, integrando conceptos que parecen contradictorios, y dejando una fuerte impresión con un desenlace directo y combativo.
Los primeros 50 minutos son impresionantes. Sin embargo, cuando Christian Bale se vuelve Batman, la película pierde fuerza al transformarse en una repetición de lo ya visto. Nolan logra introducir una iconografía diferente, más fría y menos centrada en la estética.
A pesar de ser larga y tener un aire de economía, la película se vuelve llevadera por su vibrante presentación de personajes y sus referencias al cine.
Delirante diatriba contra el universo digital. El carácter reaccionario de su sátira es innegable, pero también se siente la propuesta de un cine menos complaciente, tanto a nivel emocional como en su forma.
El físico afilado y la intrigante sonrisa del actor Bartosz Bielenia son fundamentales en esta película. Su actuación emocional destaca en una historia donde la culpa, el perdón y el estigma convergen, brindando una representación compleja y ambigua.
Puede ser vista como una singularidad cuando simplemente actúa como debe: sin respuestas, buscando caminos para encontrar soluciones. Ofrece una profunda reflexión desde la ambigüedad moral y se aleja de emitir juicios definitivos.
Como intérprete, Verdone muestra una faceta espontánea y accesible. Sin embargo, su labor como director parece tener un impacto limitado, centrándose mayormente en el ámbito local del cine italiano, dirigido a un público italiano.
Una controvertida y valiente producción polaca que no se guarda nada, brinda respuestas contundentes y finaliza con un plano magistral que resuelve con maestría tanto su desarrollo narrativo como su mensaje moral. Es imposible no admirar la grandeza de esta obra.