Algo para no recordar. Nunca encuentra el tono y deambula entre la comedia costumbrista y el drama existencial, sin que la estimulante presencia de Hurt y su inquietante tristeza salven el panorama.
Todos conocemos a una Fatima, heroína de nuestro tiempo, que a menudo olvidamos que tiene su propia familia. La película profundiza en este aspecto con una sencillez penetrante y una autenticidad que resulta conmovedora.
La película presenta deficiencias significativas en su ejecución técnica e interpretativa, limitándose a repetir ideas clichés sobre empresarios, policías, abogados y ONG en España. Carece de matices y, lo más preocupante, explica todo de forma demasiado explícita.
La película presenta una poderosa estética que se aleja de las influencias tradicionales de los padrinos y de los estilos de Scorsese. Espinosa entrelaza diversas narrativas que se unen en un protagonista fascinante, cuya complejidad lo hace destacar.
Simpática comedia romántica. No es sencillo abordar la comedia desde la perspectiva de la enfermedad mental, pero De la Orden logra hacerlo con elegancia en su dirección y montajes. La combinación ágil y atractiva de las músicas enriquece la experiencia.
Tan desequilibrada como sus protagonistas por culpa de su desaliñada estructura, pero desde luego radical, insolente, molesta y muy valiente. La sombría lírica de sus imágenes acaba venciendo a su desasosegante ética.
Gincana de lujo. Sus diálogos son muy perspicaces y hay suficientes elementos que explican su éxito en EEUU: excelentes protagonistas, un villano con profundidad y gran carisma (Sean Bean), y un guión dinámico.
El filme aborda el racismo desde una perspectiva centrada en los blancos. Se presenta como un thriller convencional que no deja una impresión duradera y seguramente habría generado un intenso debate si los roles raciales hubieran sido invertidos.
Winterbottom evita lo sencillo y transforma los géneros. En esta ocasión, se adentra en la comedia satírica. Se cuestiona la razón de dedicar un año a filmar una película como esta, y su respuesta es clara: porque es verdaderamente divertida, lo cual hace que el esfuerzo valga la pena.
François Ozon ofrece una interesante reinterpretación del mito en esta película, manteniendo la esencia de la obra teatral original y logrando una notable concisión.
Va de más a menos, pero conformando un notable conjunto, es una mirada sincera y, a la vez, mágica y cómica, a la posible canalización de la creatividad de un artista.
Su alegoría acerca de la identidad y el ego de los artistas, balanceando lo solemne y lo refrescante, junto a un destacado elenco, supera cualquier estándar contemporáneo del cine español.
Cine irreprochable, con formas y contenido que, eso sí, exigen la participación activa de ese público que no solo mira, sino que también debe participar gracias a la ágil cámara de Avilés.
Una obra audaz y casi imprudente, intensa y llena de pretensiones, que aunque no logra captar la pasión de manera completa, definitivamente merece ser leída con atención.
Lafosse presenta su historia con un ritmo pausado, revelando detalles de manera gradual. La violencia implícita se vuelve, en ciertos momentos, abrumadora. Bonnard ofrece una actuación excepcional y destacada.