Posee una magia muy especial y una extraña poesía en la que se mezclan una moderna visualización y un texto entre lo profundo y lo candoroso. Una de las más originales propuestas del cine español de los últimos tiempos.
Con las ideas fijas en la alocada comedia juvenil de Hollywood, Fin de curso se las ingenia para darle un giro más (o dos) a la trama, resultando en una explosión de locura. Si lo más divertido que se les ocurre es recurrir a un duelo de vómitos, es evidente que hay una falta de creatividad.
Machismo peligroso. Una cosa es la incorrección política, que siempre es de agradecer, y otra es caminar por el alambre del peligro social. Sánchez Valdés afirma que "el comportamiento de esta pandilla no tiene nada de ejemplar, pero te ríes con ellos. Al fin y al cabo, la única enfermedad de estos tipos es la juventud, y eso se cura con la edad".
Una película austera y poco complaciente, presenta una narración desequilibrada con un estilo casi documental. La reiteración de los diálogos resulta enervante, ya que opta por la falta de explicaciones en lugar de buscar la verosimilitud.
En esta semidesconocida película escrita por Steve Kloves y ambientada en 1942 cada momento de la relación amorosa es tan tierno, tan real, tan apasionado, tan delicado, que pone la carne de gallina.
Víctor Iriarte utiliza en su película un tratamiento singular y a menudo cautivador del espacio y del tiempo, que en varias ocasiones recuerda el estilo de Chantal Akerman.
Enigmática y envolvente película de autodescubrimiento personal acerca de la identidad que, de todos modos, aglutina una diversidad de orígenes tan rica que quizá sea esa complejidad la que provoque su fascinación global.
Una bonita película sobre la muerte y el legado, el modo en que está relatado, sin un solo golpe bajo, con la esperanza dominando a la amargura y la belleza de la vida a la crudeza de la muerte, es de una rica nobleza.
La deslumbrante luz de Naomi Kawase establece una estructura a la vez férrea y atractiva. Lo esencial en 'Madres verdaderas' es el soberbio retrato del estado interior de los personajes.
Sin sus tres músicos de fondo y, sobre todo, sin la banda sonora de David Thor Jonsson, "La mujer de la montaña" solo sería una película social europea más, y no la feliz extravagancia que finalmente es.