Una película muy decepcionante, intenta apelar a las emociones del público utilizando técnicas poco honestas. Además, resulta repetitiva, excesivamente sensiblera y deshonesta en su narración.
Enredo plagado del cinismo que Wilder llevaba inyectado en sus venas. La alta sociedad de la época retratada con maldad y eterna gracia por una de las figuras de la comedia de los treinta, Claudette Colbert.
Mouret presenta una visión de la infidelidad donde el tono y la estética son tan importantes como el diálogo. Los encuentros son filmados con una sutileza que sugiere una observación aguda de lo cotidiano.
Burman ha perdido su esencia. Su espléndida combinación de profundidad y ligereza se ha convertido, esperemos que temporalmente, en algo casi irrelevante.
Es eficaz cuando recurre a la identificación, al costumbrismo y a representar situaciones del día a día, aunque se vuelve menos efectiva al llevar la locura a niveles extremos.
La escena del entierro es realmente graciosa, aunque la comedia en general pierde fuerza. Comienza de manera prometedora, pero luego no logra mantener el nivel.
Redime en su última media hora algunos de los problemas que se acumularon antes. Los creadores logran ser coherentes con la naturaleza de sus personajes.
Comedia romántica con un punto de erotismo. La historia narra el replanteamiento vital y sexual de una traductora que trabaja en el diario escrito por un francés 200 años atrás.
Notable cortometraje que logra romper con la estructura narrativa convencional. Sabanés se destaca al entrelazar diferentes tiempos, ofreciendo un relato profundo sobre la pérdida, el recuerdo y la extrañeza.
Una película que cumple con su función pero que a la vez se siente como un relato de espías sin profundidad, aderezado por el estilo irónico característico del director británico.
Una trama convencional con elementos eróticos que se distingue de muchas obras anteriores en seducción gracias a la incorporación de la reciente tendencia de Hollywood de implementar finales sorpresivos.
La película resulta ser un fiasco, incapaz de funcionar ni como una crítica política ni como un adecuado entretenimiento. Todo lo que ofrece es alguna risa aislada durante su clímax final.
Un relato que combina humor y una fuerte carga moral, presentando una comicidad audaz pero con un trasfondo conservador. Los directores juegan hábilmente con los elementos cómicos y trágicos, alternando entre ambos hasta llegar a un enfoque sorprendente.
El director demuestra una adecuada habilidad para generar tensión, mientras que la historia se desarrolla de manera efectiva. Sin embargo, gran parte de lo que se presenta resulta poco creíble y roza lo inverosímil.
Schrader ofrece una mezcla explosiva de drogas, humor negro y violencia desmedida que, para consolidar su personalidad única, también se refleja en la estética visual de la obra.