Victoria es una obra cinematográfica vibrante, que nos lleva a través de un viaje angustiante en una ciudad fascinante. La actuación de Laia Costa destaca por su carisma excepcional.
Joel Hopkins se entrega por completo a la comedia, explorando el amor y las pasiones que surgen después de los cincuenta años, sin utilizar sentimentalismos predecibles.
El robo no es el final de la trama, sino un momento crucial en la historia. La comedia no predomina a pesar de que haya momentos de duda, y la ligereza y rapidez en la narrativa son características que casi nunca se presentan.
La película no logra alcanzar lo extraordinario, ya que su mensaje de esperanza en la humanidad termina sucumbiendo a algunas cursilerías. Sin embargo, a pesar de un desenlace con tropiezos, la encantadora aventura que Bird y su equipo lograron crear brilla con luz propia.
Película bombástica, loca, incendiaria, altamente virtuosa y prodigiosa en su movimiento demente, apto para ser devorado con fruición en la pantalla grande, pero no desde las primeras filas.
El director Peretjatko incorpora un humor político que se burla de las exageraciones de las ambiciones y las pretensiones, así como de las etiquetas ostentosas y las diversas megalomanías.
Es un relato anémico que se presenta como una serie de cinco episodios de media hora. Cada segmento se siente interminable y carece de fluidez, mostrando pausas aburridas al introducir personajes y acciones desconectadas entre sí.
Coppola presenta una obra que carece de energía y vitalidad, similar a sus trabajos recientes, donde se abandona la noción de avance en la historia para centrarse en la atmósfera.
'Jauja' es una película de gran estética que se torna cada vez más única, llevándonos a un desenlace impresionante y audaz que establece conexiones intrigantes.
Este film de terror mezcla sutilmente influencias de 'Candyman', 'Destino final' y 'It Follows', pero falla al ofrecer elementos de baja calidad que afectan su impacto.
Sadako y 'Ringu' marcaron un antes y un después en el cine de terror, pero esta última entrega se siente triste y solitaria, reflejando un desgaste que ya no aporta al legado de la historia.
La película pierde su efecto de suspenso al explicar innecesariamente comportamientos y resoluciones. Cada aclaración, acompañada de flashbacks, la aleja de su esencia original, dándole un toque de teatro cruel y un aire de televisión didáctica.
La audaz confianza que muestra el director y guionista Yann Gozlan, sumada a su habilidad para dotar de intensidad a sus narrativas y una puesta en escena atrevida, permite que la película fluya con un ritmo constante y cautivador.
Eficaz thriller que combina la violencia y el suspenso, avanzando con fluidez. Sin embargo, hacia el final, presenta algunas torpezas reminiscentes de los thrillers de los noventa, un estilo que a veces echamos de menos.
Una mayor concentración, un mayor foco, una mayor dedicación a los detalles podrían haber mejorado este policial que se juega a -y acierta en- no tener grandes sorpresas.
Es una narrativa directa, donde el uso de disfraces es intencional. Se presenta como un cine orientado a la inmediatez, centrado en lo superficial. De hecho, refleja cómo se percibía y producía el cine hacia finales del siglo XX.
Una comedia romántica protagonizada por casi setenta añeros, narrada con un ritmo tan ágil que podría rivalizar con las películas más rápidas en cartelera.
La película de Farhadi es un entretenido viaje a través de temas complejos y delicados. Aunque es ágil y cautivadora, la habilidad del director puede encubrir algunas inconsistencias, aunque no de manera indefinida.