A pesar de contar con una protagonista contemporánea, esta obra de época presenta un vestuario destacado, aunque su desarrollo resulta un tanto insípido. Da la impresión de haber sido extraída de un viejo trastero de la PBS, envuelta en telas y con un aroma a alcanfor.
El ritmo es sereno, el tono resulta acogedor, la paleta de colores es vibrante y la atmósfera es claramente optimista. Sin embargo, al filme le cuesta generar momentos de drama.
Spottiswoode dirige al estilo antiguo, evitando la sacarina con descripciones realistas de una China destrozada por la guerra y un reparto bien versado en contener sus emociones.
Miyazaki fusiona de manera magistral la fantasía con la historia en una obra de bellos colores pastel, que resulta tan cautivadora como su enfoque en el feminismo.
Da la impresión de ser una película inconexa. Sus tibias subtramas románticas son ocurrencias tardías, introducidas con calzador para satisfacer las expectativas de los espectadores.
La lógica de la trama carece de coherencia y no resulta emocionalmente gratificante. Pocos actores brillan como Skarsgard, pero su interacción con Rachael apenas logra encender la pasión.
Es como un tren cruzando una llanura. Sin giros, colinas o valles, su motor dramático resopla hacia delante, presentando su cargamento trágico de la Segunda Guerra Mundial con eficiencia insulsa.
El guion de Peter McDougall resucita elementos argumentales clave sin un esfuerzo claro por innovar o modernizar. Es una obra que carece de profundidad, resultando seca y sin fuerza.
Branagh ha escrito una nota de agradecimiento encantadora y optimista a la ciudad que desató sus sueños y a los padres cuyos sacrificios ayudaron a que se hicieran realidad.
La base para la trama confusa y llena de tópicos de esta película es el misterioso hundimiento de un submarino soviético en 1968 - un evento alrededor del cual Robinson da vueltas con imperdonable monotonía.
Una película extraña que se preocupa por las víctimas de Bundy al mismo tiempo que se maravilla ante su facilidad para ser engañadas. Demasiado descentrada y con poca imaginación.