Da la impresión de ser una película inconexa. Sus tibias subtramas románticas son ocurrencias tardías, introducidas con calzador para satisfacer las expectativas de los espectadores.
Es como un tren cruzando una llanura. Sin giros, colinas o valles, su motor dramático resopla hacia delante, presentando su cargamento trágico de la Segunda Guerra Mundial con eficiencia insulsa.
El guion de Peter McDougall resucita elementos argumentales clave sin un esfuerzo claro por innovar o modernizar. Es una obra que carece de profundidad, resultando seca y sin fuerza.
Branagh ha escrito una nota de agradecimiento encantadora y optimista a la ciudad que desató sus sueños y a los padres cuyos sacrificios ayudaron a que se hicieran realidad.
La base para la trama confusa y llena de tópicos de esta película es el misterioso hundimiento de un submarino soviético en 1968 - un evento alrededor del cual Robinson da vueltas con imperdonable monotonía.
Una película extraña que se preocupa por las víctimas de Bundy al mismo tiempo que se maravilla ante su facilidad para ser engañadas. Demasiado descentrada y con poca imaginación.
Divertida y enérgica, descarnada y a veces sombría, este primer largometraje de la fotógrafa Elaine Constantine ofrece una instantánea sudorosa de un tiempo y un lugar muy concretos.
Este intento de 'los surferos pobres pueden hacer un buen drama' de Morgan O'Neill y Ben Nott se centra demasiado en los muslos tensos y los glúteos tonificados. Hay que ser agradecido. No hay nada que ver en tierra seca, que sea ni de lejos tan interesante.
Equilibrando la actuación sorprendentemente física de Hüller con un estilo íntimo y naturalista, 'Requiem' es un estudio emotivo de una joven atormentada.
Donde la versión antigua vibraba con una paranoia bien calibrada y unos personajes dibujados con precisión, esta inexpresiva réplica se desarrolla de forma tan mecánica como un videojuego.