Divertida y enérgica, descarnada y a veces sombría, este primer largometraje de la fotógrafa Elaine Constantine ofrece una instantánea sudorosa de un tiempo y un lugar muy concretos.
Pasa de ser ridícula a sangrienta, de bromista a trágica. Al final, un estilo anula al otro. La presencia constante de Diliberto acaba resultando irritante.
Este intento de 'los surferos pobres pueden hacer un buen drama' de Morgan O'Neill y Ben Nott se centra demasiado en los muslos tensos y los glúteos tonificados. Hay que ser agradecido. No hay nada que ver en tierra seca, que sea ni de lejos tan interesante.
Equilibrando la actuación sorprendentemente física de Hüller con un estilo íntimo y naturalista, 'Requiem' es un estudio emotivo de una joven atormentada.
Donde la versión antigua vibraba con una paranoia bien calibrada y unos personajes dibujados con precisión, esta inexpresiva réplica se desarrolla de forma tan mecánica como un videojuego.
'The Imposter' es evasiva, manipuladora e inestable. También se posiciona como uno de los documentales más entretenidos desde 'Exit Through the Gift Shop', mostrando una obsesión similar hacia el juego de roles y el engaño.
Esta nueva entrega resulta más repugnante, aunque menos aterradora. Su pulcritud y eficacia reemplazan de manera deficiente esa sensación de amenaza. Se extraña la moderación y la paciencia que caracterizaban a Carpenter.
El Sr. Kitamura, un apasionado del género de acción que elige la visualidad sobre la narrativa verbal, parece ignorar lo absurdo del diálogo en la película. Los personajes resultan confusos y las actuaciones a menudo dejan mucho que desear.
Suaviza su brutalidad con el compromiso de las actuaciones y con un guion que conecta con inteligencia la relación entre el hogar japonés y la violencia familiar.
Un remake más superficial y adornado. El director logra sustituir las escenas más oscuras de la película original por momentos de intensa tensión, utilizando un montaje ágil y frenético. Demuestra habilidad en manejar el caos dentro de espacios reducidos.
Esta no es una película gore que sapique: concisa, llena de suspense y con una brillante apuesta por el silencio, la ópera prima de Bryan Bertino se desarrolla con un lento crecendo de intimidación.
La película presenta una cantidad de violencia mucho menor que la de un anuncio de tiritas y carece de los sustos que se encuentran en los episodios de eliminación de 'Dancing With the Stars'.