Tommy’s Honour' quiere convencernos de que ver a dos hombres discutir y golpear bolas hacia pequeños agujeros durante la mayor parte de dos horas es el culmen del entretenimiento.
El Sr. Pitt ofrece una interpretación convincente como un personaje torpe, mientras que la Sra. Arianda brilla al dar vida a Rosie, adornada con la más encantadora de las sonrisas. Si estuvieras en el lugar de Tommy, seguro querrías entregarle todo.
Incluso aun sin leer ninguna novela de Le Carré o haber visto alguna de las numerosas películas basadas en sus obras, este documental resultará fascinante para los más curiosos.
Lo que ofrece es un retrato intrigante de un chico rebelde, cuyo genio se percibe probablemente de manera más clara en un segundo visionado, esta vez con el sonido apagado y la atención plenamente enfocada en las imágenes.
No parece una película, más bien una idea escrita en una servilleta. Aunque los nombres relevantes se enfrentan a personajes tan insustanciales como hologramas, el director de fotografía ofrece motivos para disfrutar de ella.
En algún momento de 'Driven', se presenta una película fascinante. Sin embargo, para lograrlo, es necesario un tono menos simplista y un guion más enfocado.
Dirigida por Michael Radford, la película se enfoca más en seguir la cronología que en aportar creatividad. El diálogo se siente excesivamente adulador y, en muchos momentos, llega a ser aburrido.
Funciona mejor como reflexión sobre los trucos de la memoria y el efecto que tiene la educación —o, en este caso, la falta de la misma— en los juicios personales.
Despreciable. La falta de autenticidad es sorprendente. Se recurre a clichés y actitudes cínicas en el romance, lo que hizo que la experiencia con Mr. Harris se volviera una tortura durante 96 minutos.
Un desvaído reciclaje de clichés étnicos y bromas gastadas. La comedia resulta forzada, el drama brilla por su ausencia y los actores se pierden en un grupo ruidoso que parece moverse en manada a todas partes.
Una película tan desesperadamente fuera de onda en lo que respecta a salir del armario que te dan ganas de arrastrarla, junto con todos los que están en ella, al siglo XXI.