Una propuesta fílmica entretenida, ilustrativa y muy emotiva, tan valiosa como testimonio de la cultura pop, como digna de la figura a la que alude de forma indirecta.
Estamos ante una película que cuenta con momentos casi geniales. Puede resultar divertida, aunque peca de tener una trama excesiva y le falta la convicción necesaria para mantener la acción constante, lo que hace que se pierdan oportunidades.
Es una producción bien enfocada, que pone todos sus recursos al servicio del testimonio. Se trata de un triste e ineludible recordatorio de que llevamos mucho tiempo fallándole a los seres más vulnerables de nuestra sociedad.
Funciona debido a la candidez propia de la naturaleza del concepto ochentero, gracias al espíritu de optimismo detrás de una aventura que resulta divertida y espectacular, y tiene como prioridad entretener e inspirar.
Destaca por supuesto el ingenio visual con el que acostumbra a ir resolviendo el trayecto, entrega atmósferas con tintes evocadores para pasajes agridulces, intensos y divertidos.
En cuanto logra superar la indefinición de sus primeras secuencias, 'Las niñas bien' se convierte en un inteligente retrato satírico de un episodio de patetismo social de nuestro país.
Se trata de una aventura de fórmula, divertida y espectacular cuando debe serlo, que incluso encuentra alguno que otro momento conmovedor, y hace pensar que Transformers aún puede dar pie a decorosos productos de entretenimiento en el cine.
Logran mantener la atención gracias a las revelaciones que arrojan entre llamativos conceptos científicos, en una truculenta trama de viajes en el tiempo que estira al máximo la tensión.
Una película un tanto artificiosa y muy efectista. Sin embargo, 'Atómica' no engaña a nadie, su búsqueda no es la del discurso, sino la de ofrecer un estilizado y entretenido ejercicio fílmico, y en ese sentido cumple.
Cumple no sólo con los fuegos artificiales en pantalla que ocuparon una gran parte de su presupuesto de 200 millones de dólares aproximados, sino como efectivo producto de entretenimiento, dejando con ganas de ver un poco más de la franquicia.
Destaca cómo los pasillos entre los almacenes generan recorridos angustiosos, utilizando los interruptores de luz como herramienta para aumentar los momentos de tensión.
La verosimilitud del detonante del retorcido juego final es débil, lo que hace que la narración pierda un poco de ritmo. Además, la fórmula utilizada no aporta nada realmente innovador.
A pesar de su audacia al incorporar los elementos del género, no logra evitar algunos convencionalismos y clichés. Sin embargo, es una obra sólida y profundamente disfrutable que rinde homenaje al cine artesanal.
El problema es que las dudas traicionan a Julius Berg, un director con más experiencia en televisión, quien al permitir que las secuencias más llamativas se desarrollen sin control, descuida tanto la ejecución como la coherencia con su propuesta.
Una llamativa propuesta visual que responde a las expectativas como entretenimiento; sin embargo, resulta artificiosa y nunca logra explotar el aspecto erótico al que apunta en distintas ocasiones.
Es sólo otra aventura más de Po, un tanto repetitiva pero aún con cierta simpatía y capaz de cumplir con lo mínimo, que es entretener. Y bueno, para nada se ve que la saga esté por terminar.