Una comedia negra que satiriza con una inteligencia despiadada, el doble discurso de la sociedad estadounidense, haciendo referencia a una de las épocas de mayor maniqueísmo de su historia.
Una película ingeniosamente descarada que se convierte en un banquete irresistible para el cinéfilo, pero que igual puede ser disfrutada por el público que anda en busca de entretenimiento inteligente.
Es más que una simple humanización de la figura del motociclista; se valora su enfoque que se distancia del tono de otras producciones legendarias con temática similar.
Es una obra cuya belleza seduce de inmediato, gracias a un manejo del lenguaje cinematográfico por completo al servicio de una cautivadora evocación y el discurso social de fondo que desafortunadamente, mantiene una triste vigencia.
Un más que conveniente testimonio vestido de ficción, siempre consciente de que también se trata de un vehículo de entretenimiento, y por lo mismo capaz de alcanzar al gran público, sin permitirse la traición a su discurso.
Un testimonio fílmico contundente, que logra conjugar el afán de entretenimiento con la declaración de principios, rindiendo homenaje al espíritu revolucionario de aquellos movimientos.
Una película incisiva que retrata de manera efectiva el absurdo violento del racismo que persiste en la actualidad, alimentado por la política estadounidense.
Es un autorretrato sofisticado pero honesto en el que la ficción juega a vestirse de realidad y viceversa. La cinta muestra el lado más humano del cineasta a través de la exposición de la orfandad de sus sentimientos.
Estamos ante el conmovedor acercamiento a uno de los periodos más complicados de la vida de una leyenda, y que resulta una más que recomendable opción en la cartelera.
Un disparatado, divertido y seductor encuentro entre el cine negro de arrabal y la historieta mexicana, con todo y una agridulce mezcla de ironía, desencanto y humor. Sin abandonar el espíritu de entretenimiento.
Es débil en el trasfondo, pero impecable en su forma y emotiva en su desarrollo. Aprovecha los convencionalismos de manera eficaz, logrando ser completamente digerible sin caer en la frivolidad. Ofrece momentos divertidos y entrañables, pero poco más.
McKay elabora un envolvente y divertido juego de tiempos, donde se presentan momentos clave. La línea narrativa principal regresa para atar cabos sueltos y crear un nudo sorprendente y deliciosamente sarcástico.
Tal vez les haga falta una mayor cantidad de referencias enfocadas en su importante trayecto dentro del espectáculo, sin embargo, lo elegante y cuidadoso de la manufactura, en conjunción con la honestidad que le sustenta, lo compensa y con creces.
Aunque por momentos raya en lo didáctico, es más que una declaración de ideales, es un obra provocadora y explosiva, salpicada de personajes en situaciones que por momentos son llevadas al delirio para recordar la importancia de la naturaleza combativa.
Después de haber visto la celebrada 'La forma del agua', queda claro que están más que justificados los halagos y reconocimientos que ha recibido a nivel internacional.
Es destacable la precisión del director Pablo Larraín, a quien en ningún momento le tiembla la mano y usa las herramientas fílmicas para diseccionar y exponer las emociones de esta mujer, al momento de mantenerse en pie.
Es una pequeña joya ideal para aquellos que gustan de la mezcla de horror y humor y resultará una muy agradable sorpresa para el público en general que se permita darle un vistazo.
Es una de esas películas que embriagan gradualmente con su deliciosa y conmovedora universalidad sin recurrir a excesos melodramáticos o manipulaciones para vincularse a distintos niveles con el espectador, un clásico navideño instantáneo