La historia es, sin duda, predecible, pero el carisma de los protagonistas, junto con la ligereza del desarrollo y la atractiva modernización, hacen que la propuesta funcione y trascienda más allá de ser solo una curiosidad.
Divertida comedia de Jim Jarmusch que rinde homenaje y satiriza acerca de los cadáveres reanimados; está dirigida para aquellos que buscan humor inteligente.
Es un tanto inconsistente y no es para todos los gustos, pero aún así funciona como entretenimiento, y tiene los atributos necesarios para no pasar del todo desapercibida, e incluso volverse una verdadera curiosidad.
Se nutre de producciones de bajo presupuesto al estilo grindhouse, lo cual no es adecuado para todas las sensibilidades. Aun así, es tan enfermiza y delirante como divertida y refrescante, además de poseer un claro aire de película de culto.
Es una cautivadora mirada a la infancia y la vocación por enseñar, que nunca cae en el melodrama exacerbado o el temendismo, mostrándose bella y agridulce como la vida misma.
El acabado sofisticado y la complejidad de las exposiciones, junto con el enfoque en lo ridículo de la condición humana distorsionada por las convenciones de la sociedad moderna, sustentan esta sardónica reflexión sobre el clasismo y la dignidad.
Es un cautivador pasaje fílmico que da un cariñoso empujón a hacer conciencia del justo momento que se está viviendo, y asomarse al interior para escuchar lo que está gritando.
una propuesta que, debido a su misma naturaleza, por momentos se queda más en el ejercicio que en la contundencia, pero que aún así se convierte en una experiencia fílmica interesante y sugestiva.
El filme dirigido por Bill Condon engancha al espectador con un tono elegante y un montaje sofisticado; en el último tercio, la enredada trama recurre a un melodrama mal ejecutado.
Es efectiva a la hora de transitar por ellos, precisa con las dosis de humor y melancolía, y se agradece que no ceda a excesivas e innecesarias pretensiones intelectuales.
Una broma de naturaleza cinematográfica innegable, inteligente y divertida, que detrás de la sutil ironía esconde una profunda reflexión sobre el mundo literario y sus criaturas, humanas al fin y al cabo.
Además de lucir una manufactura más que correcta y un desarrollo sutil no exento de ciertos toques de humor que evitan caer en la sensiblería, Hami acierta al asumir los clichés para concentrarse en la construcción de los personajes y sus relaciones.
Después de la primera vuelta de tuerca, todo se desvanece y el discurso, que parecía inteligente y perspicaz, se diluye en la condescendencia de situaciones cliché propias del melodrama manipulador. El ingenio se transforma en cursilería.
Snyder parece seguir con rigor la fórmula del género, pero consigue una adaptación intensa y apropiada de la novela "Ciudades desiertas", de José Agustín.