La mayoría de los musicales caen en la trampa de alargar innecesariamente las canciones. Esto, sumado a sus excesos visuales, da a la película un aire algo artificial. Sin embargo, logra cumplir como una propuesta entretenida.
Evita caer en lo melodramático y muestra a una Julia Roberts como raramente la hemos visto. Su ausencia de pretensiones hace que la invitación a reflexionar funcione de manera efectiva.
Dentro de su embriagadora simpleza, la cual es aún más por lo que sugiere, encuentra la profundidad de los sentimientos y, de paso, se permite hacer un guiño a la nostalgia por aquel mundo análogo que ya se fue.
'Suzume' es una aventura hermosa y emocionante que explora con gran fluidez las emociones, logrando involucrar al espectador de diversas maneras. Makoto Shinkai lo ha logrado una vez más.
Pese a que 'Merlina' no escapa a ciertos tópicos de los productos juveniles, consiguen darle una conveniente y llamativa evolución al personaje que con lucidez hace suyo Jenna Ortega.
Lo mejor es que todo encuentra sentido como parte de la colorida representación de un escenario multicultural ubicado a principios de este siglo, que a pesar de no escapar de la fórmula en su estructura, es simpática e inteligente.
Se desequilibra en momentos y como adaptación se toma muchas libertades, pero los cambios le funcionan para ir más allá de una simple ilustración, además de que el engranaje de la propuesta está muy bien engrasado y la química del reparto es innegable.
Esta nueva versión se valida gracias al innegable oficio de Steven Spielberg que da como resultado una obra de manufactura impecable con momentos brillantes.
Posee el encanto suficiente para sostener la comedia y de paso ofrecer convenientes reflexiones sin dejar de ser realmente entretenida, equilibrada y por momentos entrañable.
La manera en que se presentan las pistas resulta perturbadora y reveladora, al mostrar las caras de las víctimas anteriores y conferirles un significado dramático, lo cual es suficiente para sostener la narrativa.
La trascendencia del mensaje es innegable, y el tratamiento del mismo es profundo, además de que el sutil desarrollo de cada uno de los roles, que equilibra la llamativa estridencia de la gestual propia de la animación japonesa, evita caer en los estereotipos.
Es una película de momentos, la mayoría de ellos interesantes y hasta efectivos por sí mismos, pero inconsistente en su conjunto y endeble en su conclusión.
La presencia de la cámara influye en las reacciones, pero no disminuye la carga emocional y las implicaciones de un testimonio hermoso y agridulce sobre el proceso de crecer y arriesgarse a cambiar, de forma irrevocable, una realidad para ser fiel a sus sueños.