Por un lado, muestra cómo hemos conseguido progresar en nuestro entendimiento de las enfermedades mentales. Por otro, es un retrato torpe y superficial de una historia que requería un análisis más profundo.
Está tan desesperada por hacerte llorar que si pudiera saldría de la tele y te pellizcaría los conductos lagrimales. Pero como no sabe lo que hace, te daría un golpe en la rodilla y en el cóccix.
No es exactamente una película revolucionaria, pero se destaca en todos sus aspectos y cuenta con un elenco magnífico que logra ganarse nuestro aprecio, a pesar de su relativa falta de impacto dramático.
No cumple completamente con lo que podría haber sido, sin embargo, su dirección es notable. En algunas ocasiones, consigue provocar una reflexión profunda y definitivamente merece ser vista al menos una vez.
Tiene cosas que decir y es consistentemente alocada, razonablemente impredecible, visualmente atractiva y está bien estructurada. Estos elementos hacen que sea una comedia animada.
Una telenovela musical repleta de moda, cuya estética recuerda a un paquete de Skittles. El guion parece haber sido creado por alguien que busca incluir la mayor cantidad de palabras en un breve lapso.
El estilo visual naturalista de Bonnefont se contrapone a la imagen de las celebridades. Esto, sumado a las lecciones del viaje personal de Rousteing, hace que la serie sea altamente recomendable.