Merece la pena verla, tanto para los fans como para los que no lo son: los primeros satisfarán su curiosidad por la adaptación, y los segundos se sentirán inspirados para seguir la brillante obra de Moore.
The Rock ya no tiene el mismo encanto, los actores se sienten como si fueran de una producción de calidad inferior, los efectos visuales dejan mucho que desear y las escenas de acción están creadas más para abrumar que para crear emoción.
Un colorido vívido, más que ocasionalmente pero menos que frecuentemente divertido, razonablemente entretenido, pero no por ello deja de ser corriente y vulgar.
Puede que atraiga a los fans que anhelan ver a Deathstroke como protagonista y que piensen que su querido asesino a sueldo merece más que ser un personaje secundario en el Arrowverse.
Puede que a algunos les parezca aceptable, que es un poco el modus operandi de las superproducciones de Netflix. Pero, sinceramente, deberíamos tener un listón más alto.