Impulsada por un guion de platino, una producción magnífica y una espléndida interpretación -de cuello para arriba- de Bardem, es un triunfo dramático.
Sudorosa y llena de suspense. Un conjunto tenso y peculiar que, con su enfoque en la investigación antes que en los asesinatos, sugiere que el director apuesta por el estilo Fincher.
El hecho de que este apasionante e inquietante estudio de la mente psicopática también logre ser conmovedor añade un atractivo significativo para captar la atención del público.
Visualmente llamativa, pero no explora las profundidades. Aun así, hay suficientes maravillas submarinas para insinuar algo de la fascinación y pasión que llevó a Costeau a ellas.
Se compromete a caminar sobre un cuerda floja ética que logra sacar adelante de forma soberbia. La directora, el guion y los actores generan el poder necesario.
La película aporta escasa innovación en su trama dramática, sin embargo, el esmero y la estética del director, junto con un elenco de personajes maravillosamente complejos, logran hacer de esta la comedia española más entretenida en mucho tiempo.
Quiere ser frenética, divertida y atrevida, y prácticamente lo logra. En gran medida, el éxito se debe a su ingenioso estilo indie y su vertiginoso sentido de la autoparodia.
Hay tantos hilos que es un milagro que Murray pueda tejer algo coherente. Utiliza la atmósfera de la película para consolidar la película, y el efecto es absorbente y fascinante.
Una historia visualmente interesante, rica en referencias y perturbadora sobre el delirio mental de una joven. Esta película extraña ofrece una experiencia inquietante.
Una película que se presenta de manera sencilla y con una estética encantadora. El guión opta por evitar lo complejo y se queda en lo superficial, eligiendo no profundizar en temas más oscuros.